Opinión
Hay que repintar las líneas rojas
La política está alcanzando límites inaceptables, como usar un crimen machista para anunciar una entrada de Zaragoza en el sistema Viogen que no se va a producir de forma inmediata o como pretexto para atacar a un adversario

Minuto de silencio en la puerta del Ayuntamiento de Zaragoza por el asesinato machista de esta semana. / Javier Cebollada / EFE
La política está llegando a unos niveles en los que cualquier brote verde que nos llegue, aunque sea desde el otro lado del Atlántico, nos invita a agarrarnos con fuerza a él para no perder definitivamente la esperanza. Nunca pensé que me interesaría tanto quién ganaba las elecciones en Nueva York, tampoco nunca pensé que un personaje como Donald Trump volvería del destierro electoral para seguir haciendo lo que mejor sabe hacer, embarrarlo todo y convertir la convivencia en un ecosistema irrespirable. Pero volviendo la mirada al ámbito doméstico, quizá esa llamada a la esperanza debería hacer reflexionar a los partidos tradicionales en España y Aragón, que una semana más dan muestras de haber perdido el norte de su brújula a manos de la improvisación por culpa de una calculadora electoral que siguen en tiempo real. Motivos no faltan para afearles la conducta a veces, ni para pararse a pensar, ellos mismos, qué están haciendo, en qué se han convertido.
Quizá el episodio más lamentable lo ha protagonizado esta semana la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Zaragoza, Lola Ranera, utilizando la muerte de una mujer a manos de su pareja, el primer crimen machista del año en Aragón y desde hace tres en Zaragoza, y que ha conmocionado a todo el mundo, para arremeter contra la alcaldesa, Natalia Chueca. No es de recibo, no todo vale para la contienda. Ya era bastante feo que un día anterior, horas después del trágico asesinato a puñaladas en un piso de San José, tanto la primera edila, del PP, como la Delegación del Gobierno en Aragón, del PSOE, decidieran lanzar un comunicado conjunto anunciando su acuerdo para hacer realidad la entrada de Zaragoza en el sistema Viogén que lleva años de retraso por sus disputas y que ni siquiera se va a producir ahora sino dentro de unos meses. Oportunismo político y buena dosis de mal gusto.
Hay que frenar esta deriva y plantearse, todos los partidos que realmente creen en la política como herramienta transformadora, que toca empezar a repintar todas esas líneas rojas que se han destruido. No todos los límites pueden haber desaparecido. El terreno de juego no puede ser el delirio y la demagogia con cualquier pretexto, sino la razón y los proyectos, igual en Nueva York que en Zaragoza, solo así se le pondrá fecha de caducidad al populismo de extrema derecha. Quizá harían bien en mirar a la calle, que se está organizando y saliendo a protestar por temas que realmente le importan y preocupan, esos que algunos omiten haciendo creer que solo hay siglas y carnets de partido detrás de cada pancarta. Si se pierde el norte, solo queda navegar a la deriva hacia lo desconocido. Y eso nunca da buenos resultados.
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