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Opinión | Editorial

El bloqueo de Puigdemont

Las Cortes españolas han entrado en una inédita fase de bloqueo tras el anuncio de Junts per Catalunya, el jueves, de rechazar cualquier nueva iniciativa que presente el Gobierno de Pedro Sánchez. Se puede afirmar que la legislatura se encuentra en un estado de coma, pues, aunque no está oficialmente muerta (Sánchez insiste en seguir adelante), el Congreso de los Diputados se ha convertido en una cámara inoperante y paralizada.

Se ha llegado a esta situación por diferentes motivos. El más importante, el incumplimiento por parte de los socialistas, así lo han denunciado los independentistas de Junts, de los pactos alcanzados entre ambas formaciones políticas. Los de Junts han visto cómo la amnistía no se aplicaba al completo (Carles Puigdemont sigue aguardando en el extranjero), el catalán no se ha convertido en oficial en la UE y las competencias en materia de inmigración no han sido traspasadas a la Generalitat de Cataluña. Desde el Gobierno español y el PSOE se insiste en que ellos sí han hecho honor a su palabra y que, si esos pactos no se han culminado, es por la activa oposición de terceros. En los casos arriba citados, los actores que lo han impedido han sido, indican, los jueces, algunos países europeos y Podemos, respectivamente.

Junts per Catalunya argumenta que los socialistas no le han dejado otra opción. Sin embargo, ni la dirección independentista ni la militancia, que ha avalado con una aplastante mayoría el portazo, son partidarios de provocar la inmediata caída de Sánchez. La única manera de lograrlo sería sumarse a PP y Vox para apoyar en el Congreso una moción de censura. Puigdemont se halla en las antípodas de Vox y no olvida el papel del PP antes y después de la declaración de independencia de octubre de 2017, ni su furibunda campaña contra la amnistía. Pese a ello, es evidente que con su decisión Puigdemont y los suyos están favoreciendo los intereses de la derecha y la extrema derecha, cuyo afán no es otro que derribar al Gobierno lo antes posible.

La respuesta del Gobierno y del PSOE ha consistido en proclamar que siguen deseando el diálogo y el entendimiento con Puigdemont, y realizar algunos apresurados gestos para intentar recomponer el entendimiento, como el desbloqueo de la ley contra la reincidencia. Junts estuvo advirtiendo durante meses de que la informalidad de los socialistas acabarían precipitando la ruptura. Siendo cierto que algunos importantes acuerdos no dependen exclusivamente de los socialistas, también lo es, como deploran los independentistas, que el Gobierno y el PSOE han actuado en algunas ocasiones con evidente desgana y a veces paralizado totalmente diferentes compromisos contraídos con Junts.

Se abren ante lo sucedido varios interrogantes. Habrá que ver, por ejemplo, si los gestos y la política de «mano tendida» logran ablandar a los independentistas y en alguna medida pueden recomponerse las relaciones, en estos momentos tan maltrechas. Junts per Catalunya ha reiterado que la ruptura tiene carácter definitivo. Si sigue el bloqueo, Pedro Sánchez, que presumiblemente se quedará sin presupuestos para 2026, deberá ponderar si empeñarse en llegar al final de la legislatura o, por el contrario, buscar el momento más propicio, o menos malo, para convocar elecciones anticipadas.

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