Opinión | En el punto de mira
La fuerza de la ira
Decía Carlos Marx en el 18 Brumario que los seres humanos hacemos la historia, pero que no la hacemos en circunstancias que hemos elegido libremente, sino bajo otras que vienen dadas por el pasado.
Siguiendo este razonamiento, podemos decir que los ciudadanos y las ciudadanas elegimos libremente a nuestros representantes, pero que lo hacemos en circunstancias que no hemos elegido, que nos vienen dadas. Lo mismo les ocurre a nuestros representantes a la hora de tomar decisiones, que muchas veces actúan limitados por unas circunstancias y una realidad que no han creado ellos.
En estos días, donde el hartazgo sobre la situación política ha subido tantos decibelios, reflexionar sobre algunos de los acontecimientos puede ser interesante. Desde el funeral de Estado por las víctimas de la dana, pasando por la comparecencia del presidente del Gobierno en la comisión de investigación del Senado sobre el caso Koldo-Ábalos-Cerdán, hasta la dimisión de Carlos Mazón. Una enorme movida dónde las haya en la que, como decía antes, nuestros representantes han sido protagonistas de acontecimientos que, seguro, ninguno pensó que le podían ocurrir.
El humillante castigo a Mazón, apartado como un apestado en el funeral de Estado, insultado sin piedad por las víctimas ante los representantes de las más altas instituciones del Estado y millones de personas que de una u otra manera vieron el bochornoso espectáculo, marcaron el punto final de una carrera política que ante una catástrofe como la vivida hace un año en Valencia no supo estar a la altura. Mintió, se enrocó en defender un relato trufado de vacíos y mentiras y nunca comprendió a las víctimas y la solidaridad del pueblo valenciano para con ellas.
Nunca pensó que esto le podría pasar, subido a la ola de sus 150 palmeros que le aplaudían todas las gracias horas antes del descalabro. Se creó una realidad que le ha estallado.
Son muchos los antecedentes. En la hemeroteca siempre aparecen situaciones muy parecidas, porque en las catástrofes los líderes se crecen y los irrelevantes se hunden. Es el caso de las inundaciones del 2021 en el oeste de Alemania, en los estados de Renania del Norte-Wesfalia y Renania-Palatinado donde las lluvias torrenciales causaron numerosos muertos y cuantiosos desastres. Todos los partidos, en campaña electoral, se volcaron en las zonas afectadas. El candidato de la CDU Avmin Laschet, con las mejores expectativas electorales, fue captado riéndose en una visita a una de las poblaciones y perdió las elecciones. Es más, la CDU obtuvo el peor resultado desde el año 1949.
Seguro que el senador Miranda nunca imaginó tener el privilegio de interrogar al presidente del Gobierno de España en la comisión de investigación del Senado. Él, que tras haber dirigido la construcción del hospital madrileño del Zendal en tiempo récord y sin quirófanos, enarboló la lanza y escudo de Don Quijote y lanzando a su rocinante dialéctico contra unos gigantes imaginarios, se estrelló contra la realidad de unos molinos de viento sin saber qué había pasado. Empuñando la espada del odio del PP al presidente, perdió los estribos, anuló su inteligencia y cayó, víctima una vez más de la ansiedad por el poder y los parabienes de sus jefes.
El antisanchismo es una enfermedad que está destruyendo los mejores cuadros de la derecha, aquellos que sabían hacer mella con una oposición política dura y consistente, que utilizaban un bisturí profundo y una dialéctica impecable. Han sucumbido en el exabrupto y en la guerra de descrédito. Arrastrados por esa corriente, la ira les obceca y se mueven en una realidad que les están creando otros.
La dimisión de Carlos Mazón es un ejemplo de los esperpentos que en política tienen consecuencias. Tras 369 días presentó su renuncia a medias, en una rueda de prensa cargada de autoestima, agravios, acusaciones, medias disculpas y apenas una mención a las víctimas.
Aferrado a un victimismo insoportable, quiso utilizar la dimisión para crear un relato sobre lo ocurrido esos días, cargando la responsabilidad en la Administración central, obviando los reiterados autos de la jueza que lleva el caso en sentido radicalmente contrario. Me recuerda al 11 de marzo de 2004, cuando Aznar quiso hacernos creer que los atentados de Atocha los había realizado ETA frente a la autoría yihadista. No ha habido catástrofe en nuestro país donde la derecha no haya buscado siempre responsabilizar a otros.
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