Opinión | Sala de máquinas
La otra Nueva York
La victoria de Zorham Mamdani en Nueva York no tiene tanto de extraordinario si echamos un vistazo al resto de candidatos, ofertas bastante más desfasadas, anacrónicas y obsoletas que la del joven demócrata, «socialista y musulmán», que ha revolucionado el tablero con su victoria. ¿Por qué ha ganado? Como todos aquellos sorprendentes triunfos que producen grandes novedades, encuentra su explicación en el deseo de los electores de practicar nuevos modos de gobierno y vías de solución a sus irresueltos problemas.
Mamdani ha monopolizado lo que suele llamarse «el voto del cambio», añadiendo un sólido cimiento interracial que ya solía beneficiar en mayor medida al partido demócrata que al republicano. En esta ocasión, el próximo alcalde de NY ha pretendido contraponer la interculturalidad de la megalópolis al dominio de una casta económica con tentáculos en las altas esferas, una jet que se dedicaría a concentrar la riqueza, pero no a distribuirla. Al margen de la campaña, en esa extendida necesidad de puestos de trabajo, guarderías, ayudas sociales, atención sanitaria, medios educativos y propuestas de base ha descubierto Mamdani la piedra filosofal de su éxito. Cuya primera lectura, además de beneficiar a los más desfavorecidos, se deja interpretar claramente como un evangelio distinto al catecismo de Donald Trump. Mamdani lo ha desafiado, como hizo Jesús con los mercaderes del templo, incluido el sumo sacerdote, erigiéndose en voz y esperanza de un pueblo que ha creído en él.
Pero, ¿durante cuánto tiempo? ¿Se mantendrá esa fe, esa confianza, durante toda una legislatura? ¿Será capaz Mamdani de cumplir sus promesas y mejorar social y económicamente la vida de sus conciudadanos? ¿O se estrellarán sus proyectos contra muros de incomprensión y oposición política, dando por descontado que la de Trump la tiene servida en bandeja desde su desafiante discurso de celebración de la victoria?
¿Existe tendencia o riesgo de una radicalización de una izquierda que por primera vez en USA se podría llamar, conforme a la ideología de su alcalde, «socialista»? ¿Acentuaría ello una polarización ya manifiesta, haciendo derivar la cordial alternancia en el poder a una lucha enconada, incluso violenta? Habrá que ver... (uy, perdón, esa fue la valoración Trump y coincidir con él no es la mejor manera de terminar este artículo).
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