Opinión
‘Cádiz negro’
Al entrar en mi habitación del Hotel Olom, en la plaza de la Catedral de Cádiz, encontré en la cama un relato modestamente encuadernado y titulado La última representación. Le di un vistazo sin intuir de qué podía tratarse, pero tuve que sentarme para seguir leyendo porque el protagonista de la historia era ¡yo mismo!, angustiado en la solución de un misterio que me trasladaba por calles y criptas de la ciudad, hasta un asombroso desenlace. El cuento no llevaba firma, era anónimo.
¿Quién lo habría escrito? Llamé a la organización del Festival Gaditanoir, pero nada sabían. Intrigado, consulté en recepción: ¿quien había podido entrar en mi habitación para despertar mi curiosidad con una historia tan enigmática? La recepcionista reconoció: «Fuimos nosotros». El grupo de trabajo del hotel (entre los que hay varios licenciados universitarios) se habían sentado a redactar ese relato negro, a modo de bienvenida.
No podía tener mejor prólogo mi participación en Gaditanoir, un nuevo Festival de género negro que me ha fascinado por su programación, espíritu, sentido de la crítica y del humor. Por no mencionar su envidiable sede, en la gaditana Casa de Iberoamérica, antigua Cárcel Real, un edificio neoclásico que se levantó en los albores del XIX y que ha sido restaurado para usos culturales.
Gaditanoir es el estimulante resultado de un sueño compartido entre el escritor Alberto Puyana y los editores del sello «Kaizen» Daniel Lanza y Javier Fornell, con ayudas del ayuntamiento, Diputación Provincial, Ministerio, CSIF, Centro Asociado de la UNED y ese mencionado Hotel Olom plagado de encubiertos autores. Una apuesta por la literatura popular y la conquista de nuevos lectores.
Alberto Puyana consiguió sacarme los colores presentándome como «Premio Honorífico» por mis contribuciones a la novela negra en castellano desde hace... (sin entrar en detalles), distinguiéndome con el título de «maestro» e inundándome de inmerecidos elogios, pero también de una secreta satisfacción: la de haber entretenido con mis historias a lectores de muy distintas geografías. Con una pieza del escultor Fran Pizano y un sombrero de fieltro negro (amuleto del Festival) me volví al hotel preparado para todo, porque en este oficio, y más si uno está rodeado de profesionales, puede pasar cualquier cosa. ¡Enhorabuena!
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