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Opinión

Al gato y al ratón

PP y Vox juegan a perseguirse por los pasillos: Vox amenaza con no darle aire al Gobierno de Jorge Azcón y tumbarle las cuentas si no le tuerce el brazo con sus exigencias, a la que llaman «la derechita cobarde»; mientras, el PP agita a sus lobbies y a sus potenciales votantes con anuncios que dependen, precisamente, de tener presupuesto. Pero lo hace, desde luego, sin explorar ninguna otra vía de conseguir los votos necesarios que no pase, a su vez, por torcerle el brazo a Vox. Entre tanto, los aragoneses esperamos, asistiendo a esta suerte de combate de judo, a ver qué extremidad –sin duda un brazo derecho– quede dañada.

La metáfora se escribe sola: un gato (el PP) que enseña el cascabel –«habrá concertación del Bachillerato, inversión sanitaria, planes estratégicos»– y un ratón (Vox) que se deja ver, marca territorio y se escurre si no le llenan el plato. En medio, Aragón, que no es un tablero, sino la vida real de quien espera quirófano, escuela pública suficiente o ayudas a la vivienda. Algo que, qué quieren que les diga, tampoco se va a conseguir con un presupuesto aprobado por el PP con el beneplácito de un partido que, con sus eslóganes excluyentes –a veces ultraliberales, otras ultraautárquicos–, pero siempre machistas y xenófobos, ha dejado claro que desprecia a buena parte de la sociedad aragonesa.

La jugada de Vox es conocida: escenificar fuerza negándose a negociar mientras coloca sus líneas rojas –inmigración, negacionismo del cambio climático, valores ultracatólicos malentendidos–. El PP, por su parte, ha decidido agitar la calle amiga: «habrá Bachillerato concertado desde 2026», prometen; «subiremos el 8-9 % en sanidad y educación»; «nuevo Royo Villanova y parque tecnológico»; «bonificación del 99 % en Sucesiones (Grupo II)» y «más deducciones por nacimiento y adopción». Todo muy rimbombante... y todo pendiente de que haya cuentas. ¿Puede anunciarse lo que depende de un voto que aún no existe? Solo si se entiende como forma de presión a Vox.

Mientras, el ruido tapa lo sustantivo: que la concertación del Bachillerato no es una mera «opción de libertad»; es desviar dinero público a redes privadas en una etapa no obligatoria, con la escuela rural pidiendo refuerzos y la pública absorbiendo la diversidad. O que la bonificación casi total de Sucesiones sonará bien en foros y desayunos empresariales, pero el aragonés de a pie no se va a beneficiar en nada; al contrario, para más inri.

Mientras, lo que sí le beneficiaría se queda en el tintero: a veces, como el retraso del Ayuntamiento de Zaragoza para adherirse al Sistema Viogén, para mantener de buen humor a su socio de ultraderecha, que sigue negando la violencia machista; otras, como la negativa del Gobierno de Azcón a declarar zonas tensionadas para cumplir con la Ley de Vivienda estatal y así ayudar a controlar el precio de los alquileres de nuestro territorio, por sus propios principios no intervencionistas. Y ello pese a que la situación del alquiler es cada vez más acuciante, con unos precios del metro cuadrado en Zaragoza marcando récords, y con otras zonas como el Pirineo, donde ya solo se encuentra vivienda vacacional o alquiler por meses y los trabajadores tienen un serio problema para asentarse por la imposibilidad de pagar el precio y la falta de estabilidad habitacional. Jaca, Benasque o Sallent lo saben: contratos por meses, maletas siempre listas y nóminas que no alcanzan para quedarse.

A quién quiero engañar: cuando hablamos de un presupuesto redactado por el Gobierno de Jorge Azcón, con total seguridad encontraré muchas más cosas que me parezcan una barbaridad que lo contrario. Sin embargo, con las reglas del juego democrático actuales, también tengo claro que las barbaridades se acrecentarían si quien gana el pulso acaba siendo Vox y, al discurso económico del PP, hay que sumarle la xenofobia y el machismo de quienes, directamente, opinan que quienes no pensamos como ellos no tenemos cabida en la tierra que nos ha visto nacer o que nos ha acogido.

Si la única aritmética posible pasa por tragarse eslóganes que empeoran lo común, mejor una prórroga franca que un presupuesto trampa.

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