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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

JUAN BOLEA

Millones y cuerpos

En este mundo descreído pero que, al mismo tiempo, ansía aferrarse a nuevas creencias, la comunidad científica está abriendo casi a diario nuevos campos en los que sembrar dogmas alternativos.

La mayoría tienen que ver con la revolución médica y con el sueño de alcanzar la inmortalidad, ampliando el periodo natural de nuestra existencia y su capacidad regenerativa en cuanto a clonación de órganos.

Ese es, en líneas generales, el tema principal de la nueva novela de Rees Whiterspoon y Harlan Coben, Sin decir adiós (RBA), que acaba de salir al mercado impulsada por una fuerte carga de adrenalina.

De la que se alimentarán un grupo de cirujanos de élite, acostumbrados a trabajar en las más difíciles circunstancias, en campamentos de refugiados, en hospitales de guerra, viviendo en primera línea un sentimiento de solidaridad y transformando la medicina en una fuerza de choque capaz de neutralizar las brutalidades de las guerras.

Sin embargo, la tentación se introducirá entre ellos en forma de una oferta difícil de rechazar. Un multimillonario ruso (no él, directamente, claro, sino a través de su corte de esbirros y mercenarios) hará llegar a una de esas cirujanas expertas en reconstrucción de órganos y cirugía plástica la propuesta de operar a dos de los miembros de una familia de autócratas enriquecidos al calor de los negocios con el Kremlin. A partir del momento en que ella acepte se precipitará una acción descontrolada con sucesivos episodios y escenarios, poniendo a prueba no sólo la pericia de la médico con el bisturí, sino su capacidad de resistencia física y moral a la presión a que será sometida tras averiguar algunos secretos que sus clientes tenían demasiado bien guardados como para que no fueran realmente dañinos, incluso letales.

Un thriller moderno, escrito a base de diálogos y ráfagas de acción, pero también de una calculada y eficaz ambigüedad moral, compartida por buena parte de estos personajes tan ricos en dinero como pobres en ética e implacables en la venganza y el castigo. De fondo, el capricho de ser otros y distintos, de vivir más tiempo y con mayor poder todavía.

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