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Opinión | el ángulo

La era de los partidos temerosos

Ya ni partidos "atrápalo todo", ni partidos cartel, hay que inventar una nueva fase en la evolución de los partidos políticos, la de mirar con el rabillo del ojo que hace el otro, y tratar de imitarlo. Ayer Miriam Nogueras en el pleno del Congreso de los diputados llamó cínico e hipócrita a Sánchez, porque no es suficiente con paralizar la tramitación de las leyes, ni decir que por ellos la legislatura se ha acabado, faltaba la guinda del insulto. Alianza Catalana de Silvia Orriols, otra cara amable de la política catalana podría alcanzar en unas elecciones autonómicas, según la última encuesta de Ipsos, 19 diputados, disputando la segunda posición a Junts y ERC, 21 cada uno. Este movimiento tectónico de miles de votos afecta especialmente a la Cataluña interior a las pequeñas y medianas ciudades donde Junts era prevalente desde la democracia, gente de orden y comercio que va a apartar el seny para lanzarse en brazos de la agitación contra todo lo que no sea Ripoll y los de toda la vida. Jordi Pujol desde su retiro en libertad debe estar pensando donde está el partido que él dejo o fue dejado.

No solo Junts está copiando modos, una personalidad en alza dentro de Vox, Carlos Hernández Quero, nuevo portavoz adjunto de Vox en el Congreso y adalid del Madrid Sur en pie, tiene un discurso mucho más elaborado que la media de su partido, le sale el doctorado de la Universidad Complutense cada vez que respira y unos modos cercanos al inicio de Podemos en los barrios obreros de la capital de España. No solo señala a los inmigrantes pobres, marca de la casa, sino que denuncia a los fondos de inversión buitre, a las inversiones venezolanas que compran viviendas a capazos con un clic en Telegram. Exalta los ánimos contra los nuevos ricos latinoamericanos, cantera de donde surgían antes los antiguos líderes de Vox. Defiende el intervencionismo para que cada familia pueda tener una vivienda mientras su jefe Abascal en la tribuna del Congreso, propugnaba mayor liberalización del suelo, menos impuestos y un mercado libre para esperar que así los promotores construyan vivienda. Es también el signo de los tiempos, el abuso de la contradicción, mientras Abascal vuelve a asimilar al PP y al PSOE como la misma cosa, pacta con los populares valencianos para volver a mantener el gobierno del sucesor de Mazón. Se desdibujan casi todos los limites que nos servían para definir las organizaciones que conocíamos, el PNV mira continuamente a Bildu, su gran competencia, y Podemos, no sabemos bien donde mira, ni a quién, ni si es de este tiempo o se quedó anclado en 2019. Con lo rápido que va todo.

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