Opinión | el artículo del día
CEIP Moncayo: 50 años comprometido con la educación
Miradas, sonrisas y algunas lágrimas acompañaron el acto de homenaje a las y los maestros fundadores del colegio público Moncayo de Tarazona –conocido popularmente como el colegio Comarcal– que el pasado 8 de noviembre celebró el cincuentenario de su puesta en funcionamiento. En octubre de 1975 algunos niños y niñas de Tarazona y posteriormente de los pueblos del Moncayo y de la ribera del Queiles, con sus maestros y maestras, se incorporaron a sus aulas. Yo era uno de aquellos maestros.
Festejar un cincuentenario es celebrar el recuerdo; es hacer un ejercicio de memoria en la que revivimos momentos de aquel lejano pasado que podemos llegar a idealizar. Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre nos dice: "Cualquier tiempo pasado fue mejor", pero este verso no suele ser verdad casi nunca.
Cuando el colegio Moncayo comenzó a funcionar, aún vivía el infausto dictador que solo un mes antes había firmado sus cinco últimas sentencias de muerte y que presidía un gobierno que tenía a la educación pública y a sus profesionales en una penuria material y económica enorme. En 1975 habían pasado los tiempos en los que se hizo célebre la frase "pasas más hambre que un maestro de escuela", pero el salario de los docentes seguía estando bajo mínimos, en sintonía con el valor que el franquismo concedía a la educación. Un maestro de 1975 cobraba poco más de 16.000 pesetas al mes, unos cien euros de ahora. Ya nos podíamos permitir un Seat 600, lo que era prohibitivo hasta 1973 con un escalofriante salario de 8.700 pesetas al mes, 52 euros actuales, con el que llegábamos justos a final de mes una vez pagado el desplazamiento al centro de trabajo, la estancia y algún magro gasto personal. El material educativo era muy escaso incluido el mobiliario. Y qué decir de los derechos de reunión y de asociación, totalmente prohibidos so pena de sufrir severísimos castigos disciplinarios y penales que podían llevarte a la cárcel.
Pues bien, con estos mimbres, aquel grupo de maestras y maestros de San Martín, Litago, Lituénigo, Trasmoz, Vera, Alcalá, Añón, Santa Cruz, Los Fayos, Torrellas, Vierlas, Novallas y Malón, junto con los que ejercían en las escuelas de los barrios de San Miguel y Cunchillos de Tarazona nos arremangamos para poner en funcionamiento el colegio Comarcal Moncayo, adecuar sus instalaciones para recibir a los niños y niñas de la comarca y poner en marcha también un comedor escolar donde, necesariamente, tenía que alimentarse nuestro alumnado que desde primera hora de la mañana no volvería a sus pueblos hasta bien entrada la tarde.
Cuando pienso en los pocos recursos de que disponíamos, la escasa ayuda institucional y el enorme trabajo que hicimos en pocos meses, valoro aún más conceptos como profesionalidad, esfuerzo, cariño, ilusión, entrega..., conceptos que pueden condensarse en uno solo que los agrupa: vocación. Éramos también y sobre todo un equipo de gente joven, en su mayoría, a la que no se le caían los anillos por dar sus clases y después organizar los menús, buscar a los proveedores y comprar los alimentos, vigilar el comedor y acompañar incluso a los niños en sus autobuses escolares a sus respectivos pueblos. No pasó mucho tiempo para disponer de monitores de comedor y de transporte escolar, pero hasta entonces lo hacíamos nosotros, evidentemente sin ninguna retribución complementaria ni dádivas de ningún tipo.
No éramos solo maestros, éramos también militantes de la educación. Muchos de nosotros estábamos convencidos de que, desde la escuela, también podíamos y debíamos favorecer ese cambio hacia una sociedad democrática y participativa por la que luchábamos desde hacía años pero que, a partir del 20 de noviembre de ese 1975, con la desaparición del dictador, la veíamos más cerca cada día. De hecho, el colegio Moncayo fue pionero en favorecer el asociacionismo de las familias y su participación en la vida del centro, reivindicábamos el derecho a una dirección colegiada y a que los cargos directivos mejorasen sus derechos laborales, participamos activamente en la primera huelga de maestros de noviembre de 1976. Los jóvenes que lean estas líneas quizá se sorprendan de que enfatice palabras como reunión, asociación, reivindicación, derechos laborales, huelga... pero han de saber que algunos de estos conceptos, tan elementales hoy, estaban considerados subversivos y te podían llevar incluso a sufrir penas de cárcel.
Aquella semilla que sembramos en 1975 se ha transformado en un árbol enorme que lleva formando a muchas generaciones de niños y jóvenes de Tarazona y su comarca. El CEIP Moncayo es hoy, sin duda, el gran referente educativo de la comarca en educación infantil y primaria, lo que ha sido posible gracias a la dedicación de sus equipos docentes y directivos entre los que destacaré a los tres últimos encabezados por Pilar Taus, Héctor Sáez y Raquel Jurado. Pilar y Raquel, hijas de Tarazona, fueron primero alumnas y después maestras y directoras del colegio. ¡Enhorabuena y a por el centenario!
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