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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Democracia, paso atrás

Desgraciadamente, la democracia como tal régimen político (el menos malo de todos, según la clásica definición), está en retroceso en buena parte del mundo. Desde hace algunos años se viene observando, y dándose en la práctica, una peligrosa y perversa tendencia hacia el establecimiento o consolidación de dictaduras o autocracias, cuyos sistemas recortan derechos individuales y colectivos e impiden el libre ejercicio de la voluntad popular y la deseable transparencia de la acción de gobierno.

Si tenemos en cuenta que uno de los países más poblados del planeta, la India, está dando pasos atrás, orientándose cada vez más su presidente, Narendra Modi, hacia modelos autoritarios, el porcentaje de población mundial que disfruta de una democracia no llega ni al 30%, siendo que no hace una década superaba el 50%.

Además de Modi, la muy inquietante deriva de Donald Trump hacia posiciones de clara intransigencia y presión sobre las manifestaciones populares y la división de poderes, tratando de modificar el resultado de las votaciones con oscuros métodos, preocupa en gran medida a los defensores de la libertad.

Otros muchos dirigentes, como Viktor Orban, en Hungría; Putin, en Rusia; Maduro, en Venezuela; Bukele, en El Salvador; Ortega, en Nicaragua, Lukashenko, en Bielorrusia; Xi Jinping, en China, o Kim Jong-un en Corea del Norte aprietan cada vez a sus respectivas poblaciones, anulando implacablemente cualquier antiguo avance en materia de participación y transparencia y procediendo a instalar a sus obedientes seguidores en los puestos clave de la administración, desde los tribunales a las policías, desde la prensa al control militar. Al no existir un organismo internacional capaz de actuar en sus suelos, y al hallarse la oposición política cada vez más debilitada, con muchos de los líderes encarcelados o exiliados, tales mandarines o sátrapas van consiguiendo afianzarse en el poder, consiguiendo incluso, en algunos casos, traspasarlo a sus familiares directos y originando corruptas dinastías.

En la esperanza de todos los demócratas queda, no obstante, la experiencia de anteriores décadas. No siendo ahora, ni mucho menos, la primera vez que las dictaduras se imponen globalmente, los defensores de la democracia siempre lograron reconquistar terreno y, al menos, equilibrar el partido.

Que hoy, atención, vamos perdiendo.

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