Opinión | el comentario
Trata de seres humanos
Vuelvo de Andorra, la otra, el Principado, de participar invitado por el Raonador del Ciutadá (el defensor del pueblo del país pirenaico, su Justicia), en un seminario sobre la trata de seres humanos. Una jornada en la que se han puesto de manifiesto, analizado y debatido las distintas derivadas de este indigno fenómeno: explotación sexual, explotación laboral, tráfico de órganos y la especial consideración de ello en los menores.
Desde la fiscalía, la policía, instituciones ombuds, la universidad y organizaciones del tercer sector como Cruz Roja, se ha expuesto como este fenómeno transnacional está cada día más presente en las sociedades de nuestro entorno, y que pese a las acciones de detección, ayuda e integración que los poderes ponen en marcha, con mayor o menor éxito, las mafias internacionales son cada vez más potentes, organizadas y eficaces. Como siempre «los malos» van muy por delante de «los buenos».
Significativa es conocer la diferencia que debe establecerse entre trata de seres humanos y el tráfico ilícito de migrantes, que incluso pueden configurar dos tipos penales distintos, y que mientras la primera busca la ya dicha explotación de las personas en sus diversas variantes, generalmente con un componente de engaño y violencia, la segunda figura únicamente se aplica al tránsito, al margen de la legalidad nacional, de mano de obra, sin que se deba dar ese componente de engaño o violencia, pero con un enriquecimiento para las organizaciones que la organizan e impulsan. No cabe duda que muchas veces se dan conjuntamente ambas figuras, sobre todo cuando en la explotación laboral o sexual de migrantes.
Me tocó en la jornada vespertina dinamizar una sesión de debate entre defensorías, instituciones ombuds: la organizadora andorrana, París con su Mediateur, el País Vasco y su Ararteko (e.f.), Cataluña con el adjunto de servicios sociales de la Sindic de Greuges, el conocido Jordi Sánchez, que el día de la reunión recibía la noticia de la sentencia del Tribunal de Estraburgo en una de las derivadas del procés, y pude conocer al compartir mesa a a su lado y de su propia voz su impresión al respecto y la visión de la actual Cataluña (alguna pregunta me hizo él sobre cómo veía lo de Sijena), o la adjunta segunda del Defensor del Pueblo de España, en la pudimos poner en común la labor que éstas instituciones pueden llevar a cabo, principalmente desde las labores de apoyo social, velando porque las administraciones públicas con competencias implemente los medios necesarios para conseguir que una vez se detectan y amparan a las víctimas de trata, se pueda conseguir su reentrada en esta sociedad que tiene la obligación de integrarlos.
Como punto final vaya una idea que nos traslado la responsable de Cruz Roja de España en materia de trata, y que viene a resumir la razón de la existencia última de la misma: «detrás de una víctima de trata de seres humanos, siempre hay otros seres humanos que directamente se lucran, y mucho, con ello, y una sociedad que lo hace indirectamente, pues todos somos consciente de donde viene y como se elabora un bolso que solo cuesta tres euros». A ello yo me atrevo a apostillar... «y casi siempre sin hacer nada o mirando para otro lado». n
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