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Opinión

Zaragoza

Averly, una joya que Zaragoza no quiere

Los edificios catalogados que el ayuntamiento arañó intentando evitar el derribo de la vieja fundición del paseo María Agustín son los únicos que siguen sin planes de futuro mientras se olvida una historia que se remonta al siglo XIX.

Interior de la nave de ajustes de Averly, que sigue en pie en el interior del recinto que un día fue la fundición.

Interior de la nave de ajustes de Averly, que sigue en pie en el interior del recinto que un día fue la fundición. / Jaime Galindo

Los pisos de lujo ya adornan el paisaje del entorno del Portillo en un entorno que dentro de pocos años nada tendrá que ver con lo que fue. Uno de los rincones con más historia de Zaragoza está en pleno proceso de transformación. Pero produce cierta tristeza pensar que quizá las futuras generaciones ya no se acuerden que donde hoy están las nuevas viviendas que Brial ha construido antes hubo una fundición que fue referente en España, que se fundó en el siglo XIX y que llevó el nombre de Zaragoza por medio mundo bajo la marca Averly. De la factoría que fue solo queda un legado que ahora parece que haya desaparecido, pero existe. Físicamente, allí solo queda la residencia familiar, el jardín decimonónico, la singular verja, el portón de entrada que da al paseo María Agustín y la llamada nave de ajustes de la que un día salieron muchas de las piezas de mobiliario urbano que aún adornan algunas calles de la ciudad que un día decidió darle la espalda.

Siempre se ha dicho que Zaragoza no cuida demasiado bien su patrimonio histórico, pero la historia de este olvido es el resultado de una larga travesía en la que el ayuntamiento nunca ha apostado de verdad por mantener vivo ese legado. De hecho, aún hoy existe y nadie muestra el menor interés por rescatar ese pedacito de historia de la tradición industrial que otras capitales querrían para sí mismas.

Para entender esto hay que retrotraerse al momento de la venta de esta factoría, por parte de una mercantil que estaba ahogada en deudas y al borde del abismo. Su principal activo para seguir viva como empresa era la factoría que le llevó a crear un imperio y que no pasaba su mejor momento. Tocó muchas veces las puertas del ayuntamiento para pedir auxilio, pero nunca le socorrieron. Al revés, se le negaba cualquier ayuda porque tenía impagos con el consistorio. Y así apareció Brial para darle la liquidez que necesitaba, con una compra que probablemente sea similar a lo que hoy ingrese vendiendo diez de esos pisos que ha construido.

Cuando se desvelaron los planes de la constructora, empezó la batalla por impedir su derribo y estos pisos que hoy están a punto de terminarse. ¿Recuerdan la plataforma ‘Salvemos Averly’? Pues un litigio durante años que solo sirvió para catalogar algunos bienes por parte de Patrimonio, que tuvo en su mano proteger la factoría entera y no lo hizo. Su final era inevitable y el ayuntamiento arañó una residencia apuntalada, un jardín que hoy da pena verlo y una nave de ajustes que parece el trastero de los pisos de lujo. Sin uso ni planes para darle vida, Zaragoza sigue dando la espalda a ese valiosa joya que nunca ha demostrado realmente sentir como propia.

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