Opinión | erre que erre
La degradante vida con Franco

Juan Carlos y Francisco Franco. / Efe
El jueves próximo es 20N. Se cumplen 50 años de la muerte del dictador Franco. Fue un oscuro día otoñal pero que traía una brillante esperanza para muchos españoles, al menos para el entorno en el que yo me encontraba. Estudiaba 7º de EGB (Educación General Básica, la enseñanza obligatoria anterior al Bachillerato) en el Colegio Nacional (así se llamaba entonces) Gascón y Marín de Zaragoza y la noche del 19N ya me acosté sabiendo que al día siguiendo no iba a haber clase. Mi padre, jefe de talleres del diario del Movimiento ‘Amanecer’, recibió una llamada para que esa madrugada acudiera a su puesto de trabajo con traje y corbata negra.
A la mañana siguiente se confirmó: no tuvimos ‘cole’. Porque para los chicos y chicas de mi edad (que solo llevábamos un curso en clases mixtas) el 20N supuso una semana de vacaciones por la muerte de Franco y otra por la coronación del Rey.
Pero era mucho más. Con las dudas que entre los mayores generaba la Jefatura del Estado de Juan Carlos, algo había para pensar que España iba a cambiar. Ya no iba a hacer falta que me dijeran en mi casa que lo que se hablaba allí y se oía en la radio no se podía contar fuera. El señor que vigilaba nuestro edificio como si fuera portero, a pesar de que no había portería, ya no iba a estar por allí todos los días. De pronto, en el colegio ya no teníamos que formar los lunes para izar la bandera del aguilucho y volverlo a hacer los sábados para arriarla (había clase los sábados por la mañana). Y eso que en mi ‘cole’ nunca me hicieron cantar el ‘Cara al sol’, aunque en otros muchos, sí.
Poco a poco se fue viendo más alegría en la calle, muchos ‘grises’, eso sí, pero hasta pude manifestarme por primera vez en 1977 porque el instituto público que íbamos a estrenar se supone que en septiembre, no estuvo acabado hasta noviembre.
Fueron años convulsos pero apasionantes por aquello de ver en la tele y en la calle partidos políticos, ver a la gente que podía (yo no, claro) votar, hablar sin miedo, empezar a no oír música clásica en la radio en Semana Santa e incluso dejar de ver a esos vigilantes horribles que había que llamar con palmadas en la calle para que te abrieran el portal de casa si era un poco tarde ya.
Faltaban muchos derechos humanos y sociales que ya hemos conseguido, pero se iba en camino. Hoy, 50 años después, da pena pensar que hay personas que defienden la figura del dictador (que el emérito haga esos comentarios de él en sus memorias), gente (algunos nacidos ya en la España actual) que apuesta por un retroceso democrático, que parece preferir el control militar que yo vi de pequeño en las calles. Que quieran primar la intransigencia, coartar libertades, anular avances. Tirar medio siglo... Lo de hace 50 años, aún siendo un niño, era degradante e insoportable.
Suscríbete para seguir leyendo
- La crónica del Valencia Basket-Casademont Zaragoza: la remontada de nuestras vidas (63-70)
- Tangana al final del Málaga-Real Zaragoza: los jugadores locales se van a por Andrada
- Por esto expulsaron a Sinan Bakis en el Málaga-Real Zaragoza: el acta lo deja claro
- El líder del PP mejor valorado está en Aragón y supera a Ayuso...pero es un gran desconocido
- La ‘gran Zaragoza’ supera la frontera simbólica de los 800.000 habitantes
- Adiós a uno de los mejores 'brunch' de Zaragoza: Nati Natillas baja la persiana
- Andrada es más Andrada que nunca: así fue el 'show' del portero del Real Zaragoza en Málaga
- El Gobierno autoriza la licitación de la variante de Jaca: se construirá un nuevo tramo de autovía que conectará la A-21 y la A-23
