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Opinión | EDITORIAL

El derbi de las penurias en el Ibercaja Estadio

El Real Zaragoza y la Sociedad Deportiva Huesca disputan esta noche en el Ibercaja Estadio un derbi aragonés cargado de penurias y necesidades, condicionado por las importantes crisis deportivas en ambos bandos, aunque de diferente intensidad. A pesar de que el campeonato de Segunda División todavía transcurre por la decimocuarta jornada, los dos clubs han cambiado ya de entrenador. A orillas del Ebro, Gabi Fernández fue destituido tras nueve partidos y en su lugar llegó Rubén Sellés, un técnico joven con experiencia en Inglaterra pero sin bagaje en España. Entre medias, el encuentro de transición con Emilio Larraz y un desafortunado 0-5 contra la Cultural Leonesa. En Huesca, esta misma semana Sergi Guilló fue despedido después del 2-2 contra el Andorra y su puesto lo ocupa Jon Pérez Bolo desde el miércoles.

El Real Zaragoza llega al encuentro sumido en la crisis más grave de toda su historia, con un balance paupérrimo de seis puntos de 39 posibles y solo una victoria en toda la Liga en los trece partidos disputados, aquella de Vitoria contra el Mirandés el 26 de septiembre por 0-1. El conjunto aragonés comenzó la jornada a nueve puntos de la zona de la salvación, que precisamente marcaba su rival de este domingo. Ha encadenado seis derrotas consecutivas. Por el momento, el relevo del entrenador no ha tenido efecto: Sellés ha perdido los tres partidos que ha dirigido, en algunos con pasajes de cierta esperanza pero al final con el denominador común de la desesperanza que siempre producen las derrotas. Como es norma en el fútbol, el valenciano necesita empezar a ganar para no ver peligrar su puesto de trabajo en el corto o cortísimo plazo.

Como institución, al Real Zaragoza también le apremia conseguir una victoria para creer que lo que parece imposible puede parecer posible. Su objetivo es empezar a reaccionar antes de que sea demasiado tarde y llevar con vida al equipo hasta enero, cuando se abra el mercado y la SAD pueda reforzar la plantilla con vistas a la segunda vuelta de la temporada. La actual propiedad está en el momento más bajo de popularidad desde su llegada en 2022. Su desarraigo, su lejanía de la ciudad y sus constantes errores en las elecciones de directores deportivos, técnicos y jugadores le han llevado hasta este punto. Las ausencias en el palco de esta noche resonarán con fuerza. No está el patio para fotos. El fútbol es mal compañero de viaje en días de crisis tan profundas.

En el Huesca, la Liga comenzó muy bien, con varios triunfos en los últimos instantes que colocaron al conjunto altoaragonés en la parte noble y dieron consistencia al proyecto que lideraba Sergi Guilló, un técnico joven fichado del Mérida de Primera RFEF. En el fútbol, las alegrías tardan poco en convertirse en problemas en cuanto los resultados comienzan a fallar. Es lo que ha sucedido en El Alcoraz. Una racha de 2 puntos de los últimos 15 acabó con la etapa de Guilló y la brecha que se había abierto entre la propiedad del club y el director deportivo, Ángel Martín González, que no era partidario de la destitución del técnico, quedó de manifiesto en la presentación de Bolo. El bilbaíno debutará en un encuentro de alto voltaje.

Tanto el Real Zaragoza como el Huesca necesitan el triunfo, aunque la situación del equipo blanquillo es mucho más precaria. Tiene nueve puntos menos y, por lo tanto, su necesidad de sumar es todavía mayor. El resultado del derbi tendrá consecuencias, mayores o menores en función del marcador final y del lugar hacia el que se decante la balanza. Lo deseable sería que ambos equipos encaucen su rumbo y terminen la temporada cumpliendo sus objetivos por el bien del deporte aragonés.

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