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Opinión

El efecto dominó del Real Zaragoza

La situación deportiva del equipo es solo la punta del iceberg del deterioro de un club que tiene múltiples derivadas tanto en lo económico como en lo anímico y en lo político

Indias, Sellés y López, durante la presentación del técnico del Real Zaragoza.

Indias, Sellés y López, durante la presentación del técnico del Real Zaragoza. / Laura Trives

Zaragoza está acostumbrada a ser paciente y los zaragozanos han sido grandes consumidores de una virtud que, en ocasiones, desborda lo imaginable. No es cuestión de ponerse dramáticos (o sí, según se mire) pero lo que la afición y la ciudad está sufriendo con el Real Zaragoza supera cualquier macabra ficción. La salvación de la pasada temporada fue agónica pero se vivió como una liberación por parte del zaragocismo, que confiaba en que la nueva campaña sería un punto de inflexión en la trayectoria de un club que ha cometido el mayor de los pecados: manejar los designios de una entidad sin conocer realmente qué representa para los zaragozanos y sin tener una hoja de ruta definida. Sin embargo, en los últimos tres meses, no solo no se ha logrado pasar página sino que la tragedia del descenso a Primera RFEF acecha con fuerza y se cierne sobre una ciudad que tiembla ante el temor de que esa posibilidad sea una realidad. Su situación en la tabla clasificatoria, a nueve puntos de la salvación a la espera de lo que suceda hoy en el Ibercaja Estadio, es algo inédito en la historia del Real Zaragoza.

Hoy se enfrentan dos equipos aragoneses que militan en una Segunda División dura como el demonio, pero es el Real Zaragoza el que se encuentra inmerso en un auténtico calvario, la palabra que mejor puede definir el escenario en el que vive el zaragocismo. El de hoy no es un partido más, ni mucho menos. El de hoy es un derbi en el que no están solo en juego tres puntos y el orgullo, sino del depende una buena parte del futuro del Zaragoza, pero también del club y de la propiedad. Porque la situación es de colapso total sin que se perciba capacidad de reacción ni en lo deportivo ni en lo institucional. Y esa sensación inquieta cada vez más en el Ayuntamiento de Zaragoza y en el Gobierno de Aragón, dos instituciones que asumen dos tercios del capital de la sociedad Nueva Romareda, encargada de la construcción de un estadio que verá la luz en el verano de 2027. Y eso son palabras mayores porque la tercera pata, por ahora, cojea.

El consistorio de la capital aragonesa aprobó esta semana abonar 3,1 millones de euros a la sociedad, los mismos que aportó en 2024, una cantidad que se hará efectiva en la junta de socios que se celebrará el próximo mes de diciembre. La DGA tiene previsto hacer lo propio, mientras que el club ha de inyectar 10 millones de euros antes del cierre del año. Pero las dudas son cada vez mayores, sobre todo porque el escenario deportivo lo condiciona todo, tanto en lo anímico como en lo económico.

El Zaragoza se encuentra huérfano de liderazgos, tanto en la parcela deportiva como en la institucional, capaces de devolverle al lugar que le corresponde

Ante este horizonte, el Real Zaragoza está obligado a mover ficha más pronto que tarde. Ya no se trata de buscar un recambio en el banquillo ni de fichar jugadores en el mercado de invierno, que también, sino de hacer un análisis y una reflexión profunda sobre el qué y el cómo esquivar el infierno y poner un rumbo estable para crear una institución moderna, implicada con la ciudad y el territorio, y crear un proyecto en que se identifique todo el zaragocismo. Pero sobre todo lo que más necesita el Real Zaragoza es creer en él. Pero para eso hay que dar argumentos y estar a la altura de lo que representa.

Una derrota o un empate ante el Huesca esta noche puede desatar la caja de los truenos y debería obligar a dar una respuesta contundente y convincente, por parte del club, a los zaragozanos y a la ciudad. Se necesita un director de orquesta que ha de ejercer como tal, tanto en la entidad como en la dirección deportiva y en el banquillo, porque el Zaragoza se encuentra huérfano de liderazgos que le devuelvan al lugar que le corresponde.

La situación del Real Zaragoza, en definitiva, lo envuelve todo y tiene efectos en todos los ámbitos de la sociedad, directa o indirectamente. La paciencia, esa capacidad de soportar situaciones difíciles sin alterarse y de aportar serenidad y control ante la adversidad, es un factor determinante para alcanzar logros, pero da la sensación de que el zaragocismo la consumió hace tiempo. Pero lo más preocupante es que su efecto dominó es más imprevisible que nunca.

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