Opinión | EL MIRADOR
Figuras insumisas
El calendario de mesa, que solemos tener en nuestro espacio de trabajo o de distensión, se va convirtiendo, según avanza, en pequeños dibujos abstractos cuando los días son señalados con formas y colores para distinguir nuestra ocupación habitual. Las fechas nos señalan el tiempo que corre y anda recordándonos nuestra historia, nuestras demandas y nuestras inquietudes.
Es un elemento que junto con la agenda forman un tándem perfecto que gestiona nuestro transcurso, justipreciando lo que podemos o lo que más nos interesa hacer. Cuando las competencias profesionales fluctúan debido a intereses personales las cosas y los dígitos cambian, se suelen crean brechas que se enmarcan entre lo que se ha aprendido en lo formativo y lo que se desarrolla en el ámbito profesional, cuando no coinciden se crean carencias en el trabajo repercutiendo con una baja de calidad laboral.
La interactividad tecnológica ha facilitado la posibilidad de contactar con profesionales que ejercen su trabajo de cara al público, o mejor dicho de atención al público (es lo que más nos gustaría a todos). Esa posibilidad de conectar con un profesional para requerir una cita en la que nos orienten, escuchando nuestras propuestas y necesidades, se ha convertido, en muchos casos, en números «insumisos», números que desaparecen, que cambian en el calendario.
Ejemplos permanentes se dan cuando se llama para requerir atención médica en la sanidad privada a través de los medios informáticos, la respuesta de la solicitud suele estar argumentada en que la agenda no está abierta, cuya deducción nos lleva a creer que se basa en sus propias holganzas y ocupaciones, manteniéndola en la envoltura que impide abrir sus hojas y su cinta de marcar días.
Nos desconcierta y nuestro calendario se trasforma en números albos como si no existieran, esbozos basados en un diseño con muchas más festividades, convirtiéndose en imágenes insumisas. Es lastimoso que esta conducta social se produzca también cuando los ciudadanos intentan solventar problemas o dudas sobre una gestión personal de carácter administrativo. Estancias en las que el teléfono suena con «sonido del silencio» (no es la canción de Simon y Garfunkel ) es cuestión de competencias profesionales, las cuales dependen de sus aptitudes y conocimientos para saber desenvolverse de una mejor manera en el trabajo. El mutismo, también llamado callada por respuesta, se ha convertido en moda, estas formas nos llevan a una indigencia comunicativa, a una situación lamentable que no beneficia ni a la población ni a los que las ejercen. Estamos en las dos últimas hojas del calendario de un largo año que es para olvidar si se pudiera. Lo acontecido ha superado largamente la estadística de lo bueno que ha podido surgir. La panorámica más cercana que tenemos se presenta poco halagüeña (no creo que sea una visión a priori desalentadora ), es la supuesta continuidad del actual gobierno español trasmitiendo incertidumbre y perturbación, también nuestra mirada salta a otros países viendo que pocos se asoman enseñando, cada vez menos, una vida de bienestar.
Como sabemos la situación está siendo conflictiva y grave, por lo que nos suele llevar a reflexionar haciendo memoria del desarrollo en el que se han posicionado los días pasados, haciendo balance de los hechos acaecidos, evaluando cómo va evolucionando la construcción de los significados; sé que la interpretación puede causar afecciones que con el tiempo van cobrando otros alcances, dependiendo del sedimento que queda en nuestra naturaleza. La realidad es que el futuro es un lienzo en blanco con arrastre de manchas que vamos solventando con la inercia de pretender y aspirar a un nuevo año estableciendo metas, planificando aquello que nos mantiene en un equilibrio con presunción de que nada es perdurable.
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