Opinión
Caza del hombre
La fiscalía italiana está investigando un caso que pone los pelos de punta. Al parecer, un grupo de ciudadanos transalpinos, todos ellos aficionados a las armas de fuego, y con alto poder adquisitivo, habrían participado en las guerras balcánicas de los años noventa del pasado siglo en calidad de francotiradores «deportivos».
Esto es, practicando una especie de «tiro al hombre» o «cacerías de seres humanos». Disparando sus armas contra dianas reales, personas de carne y hueso, y pagando por ello cuantiosas sumas de dinero. Unos cien mil euros, se cree, por «cacería», abono que pudo incrementarse de preferir el tirador ensayar su puntería, en vez de contra personas adultas, contra niños. Tal e inconcebible actividad, la de asesinar a personas indefensas, transformándolas en trofeos de caza, nos ha vuelto a golpear por su salvaje bestialidad y diabólica crueldad.
Por desgracia, no es la primera vez ni será la última que se pone en práctica en la vida real. La literatura y el cine han tratado este siniestro aspecto del mal en numerosos relatos, novelas y películas, aunque, naturalmente, ninguna de esas obras pueda igualar en daño y repulsión a la insoportable realidad de unos cuantos tiradores abatiendo a hombres, mujeres y niños con sus rifles de larga distancia, y seguramente regodeándose y celebrándolo cada vez que alguien perdía la vida bajo sus balas, viéndolos ellos, con sus prismáticos, morir, desangrarse, agonizar y expirar.
Hay que desear toda la suerte del mundo al fiscal italiano que investiga estos hechos acaecidos durante el asedio a Sarajevo, entre 1992-1996. Para, además de desenmascarar a los autores, promover un debate paralelo y que públicamente la opinión pueda conocer todos los nombres y detalles de este horrendo negocio, sus intermediarios, beneficiarios, ejecutores, cómplices y encubridores.
En dicha vista saldrán a relucir las identidades de los asesinos y de las pobres, inocentes e indefensas víctimas de sus crímenes; pero, seguramente, no tanto las verdaderas razones de su conducta. ¿Puede haberlas? ¿Existe alguna explicación para entender un comportamiento así? Al no haber conciencia ni razón humana que pueda justificarlo, no. Y, sin embargo, ha sucedido...
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