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Opinión

Defraudados por el 23-F

Acaban de ser publicadas en Francia las memorias de don Juan Carlos de Borbón. A quien le pueda sorprender que se haga en el país vecino antes que en España les recordaré que en 1993 se publicó un libro firmado por José Luis de Villalonga con el título de El rey, y con la misma estratagema: primero en Francia, segundo esperamos reacciones y tercero, se publica en España con un texto no exactamente igual. Si allí se pretendieron pagar favores al amigo y confidente, ahora parece ser algo similar.

En el periódico Le Figaro se publicó previamente una entrevista con el padre del actual rey y de ella se han ido extrayendo titulares llamativos, en pura estrategia de ventas. Cuando ya ha salido el libro ha habido una cierta carrera para ver quién encontraba en sus páginas lo más morboso. Por lo que nos van contando sabemos que el autor demuestra una soberbia infinita y un muy evidente afán por cobrar facturas, con un estilo que podríamos calificar de barriobajero y haciéndose un flaco favor cuando piensa que se lo está haciendo a otros. No creo que la reina Leticia se haya molestado al saber que su suegro no le tiene estima pudiendo así, a la inversa, liderar al amplio número de españoles que no se la tienen a él. A mí me ha parecido una falta de respeto propia de un anciano gagá que cite a su esposa, a una reina ejemplar durante tantos años, como Sofi, y que cuente el origen del nombre de su primera hija como una especie de homenaje no a la madre, no, sino a un amor platónico, origen de otros muchos más terrenales.

La reacción que a mí más me ha llamado la atención ha sido, por razones obvias, la relacionada con el 23-F. Al parecer han sido varios los lectores del ejemplar francés que han mostrado, y nos han contado, su decepción porque don Juan Carlos no haya dicho nada que ya no supiésemos. En vez de creer a quienes hemos pasado tantas horas investigando lo que ocurrió en aquellas diecisiete horas y media, y lo hemos contado en libros y artículos serios, ellos esperaban que el hoy anciano poco feliz les dijese algo novedoso. Por no citarme a mí mismo, les recomendaría la lectura de tres libros: el primero del catedrático y recientemente distinguido con el premio nacional de historia 2025, Juan Francisco Fuentes, 23-F, el golpe que acabó con todos los golpes (2020); segundo, la versión de los golpistas contada por uno de ellos, Ricardo Pardo Zancada, 23-F, la pieza que falta (1998) y tercero, la versión novelada escrita por Javier Cercas, Anatomía de un instante (2009).

A quienes ahora se definen como decepcionados habría que recordarles que hubo un proceso penal y un consejo de guerra, con aportación de pruebas, que dejó fijados los hechos probados y que terminó en sentencia. El Tribunal Supremo tuvo que resolver los 16 recursos de casación que se interpusieron, además de los 7 de adhesión, y modificó algunas de las sentencias de forma notable, como la del entonces general Armada que pasó de ser condenado a 6 años a los 30 definitivos. El Tribunal Constitucional también tuvo que pronunciarse en 2 sentencias y 19 autos al resolver los recursos de amparo presentados.

Si la opinión del hoy rey emérito (título que a mí no me gusta) les ha producido decepción podrían acercarse al conocimiento de lo que sobre aquellos sucesos contaron algunos de quienes se vieron envueltos en ellos, como el periodista Iñaki Gabilondo, de larga, prestigiosa e inmaculada trayectoria, quien era jefe de los servicios informativos de televisión española y participó en la decisión y gestión del discurso que el entonces rey dio a conocer a los televidentes sobre la una y media ya del 24-F. Por si alguien aún pudiese dudar de los motivos por lo que tardó tanto en emitirse aquel mensaje, también pueden consultar lo relatado por el periodista que dirigió el operativo que fue al palacio de la Zarzuela, Jesús Picatoste.

Para ayudar a esos ansiosos de conocer lo que nadie les puede decir voy a recordar los hechos, ciertos, probados y relatados por los estudiosos serios, que nos dicen lo que hizo don Juan Carlos y los altos mandos militares que le obedecieron y abortaron la intentona golpista. A los quince minutos, ¡15!, no 100 o 200, al cuarto de hora de haberse producido la toma del Congreso de los Diputados con el gobierno y parlamentarios secuestrados por la acción del teniente coronel Tejero, tras la decisiva conversación entre el secretario general de la Casa de SM el Rey, general Sabino Fernández Campo y el jefe de la todopoderosa División Acorazada Brunete, general José Luis Juste Fernández, se comienzan a dar órdenes en contra de los movimientos de tropas ya iniciados. Y aquí hay que citar en primerísimo lugar al capitán general de Madrid, Guillermo Quintana Lacaci, que fue quien dio esas órdenes de volver a los acuartelamientos a los que parecían querer apoyar a los golpistas.

Y así lo explicó:me limité a obedecer al generalísimo, que en un último mensaje a las FAS nos había dicho que fuésemos tan leales con el rey como lo habían sido con él, obedeciendo todas sus órdenes. Y el rey le ordenó parar el golpe.

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