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Opinión

Goya, el primer romántico

Entre los muchos méritos de Francisco de Goya figura el de haber sido nuestro primer romántico. Desarrollé esta tesis en una reciente conferencia en el Patio de la Infanta; de su postulado no tengo dudas. Antes que Larra, que el duque de Rivas, Espronceda, Zorrilla o Bécquer, Goya manejó las claves del romanticismo y con ellas abrió el futuro del arte.

Goya fue contemporáneo a todos los grandes nombres del romanticismo. Entre la caída de Robespierre y la de Napoleón, grandes figuras portaron sus antorchas: Schiller y Goethe en Alemania; Hoffman y Beethoven en Austria; Lord Byron y Shelley en Inglaterra; Walter Scott en Escocia; Delacroix en Francia... Todos compartían un ansia de libertad y una ambición creativa basada en nuevos temas y puntos de vista. Abandonando los viejos cánones a la hora de pensar, pintar o escribir, y primando la imaginación y la subjetividad. Con el hombre como epicentro, relegando a los dioses a la pasividad o al olvido y abriendo el alma humana al limbo de los espíritus.

El Don Juan de Mozart, capaz de seducir a los cielos y desafiar a los infiernos triunfó como arquetipo en esa nueva Europa con sed de aventuras. Lord Byron, tan pérfido y demoníaco como genial poeta, lo encarnó. Goya no se parecía a Byron, pero en su manera de vestir y enamorar a la dama más deseada de su tiempo, no otra sino la duquesa de Alba, latía una actitud romántica. Una manera de existir en una dinámica de cambios, sin término medio entre la exaltación de nuevos ideales (la luz) y el horror frente a los oscuros restos del pasado, la superstición, el odio, la violencia, la brujería o la tiranía, más las fuerzas desatadas de la naturaleza: tormentas, naufragios, enfermedades... Byron convocó a los monstruos en Villa Diodati, aquella tenebrosa noche en que lanzó el desafío de crear nuevos seres. Polidori, su médico, ideó al vampiro; Mary Shelley, a Frankenstein. Mientras, el de Fuendetodos pintaba sus particulares fantasmas en la Quinta del Sordo, siendo el primero en sacar a flote eso que Freud llamaría el subconsciente.

Goya, primero neoclásico; después, ilustrado; finalmente, adalid del romanticismo. El primer romántico español, y el más trascendente.

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