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Opinión | Salida de emergencia

A Marina Heredia

Es noviembre cuando dices adiós y abril cuando abriste tu costado para darme cobijo entre las páginas de un libro que era mío y tuyo al mismo tiempo

¿Qué hacemos Marina con el tiempo, con las risas, con las prisas y con nuestras ganas de querernos? Me llega la noticia de tu adiós en un día que ya solo será el de tu adiós, porque para mí lo más doloroso es que tú ya no estás. No te escucharé más, ni me dirás si esta lectura era buena o mala, ni hablaremos sobre esta escritora, ni siquiera sobra la novela que preparaba para ti. Ahora todo es silencio y el silencio me conmueve porque me hace daño y recuerdo nuestros días de brindis y nuestras noches de baile y sobre todo te recuerdo reinventándote, luchadora y hermosa, sabedora de todos los saberes y olvidando todos los destrozos, que siempre fueron muchos para mujeres que somos capaces de helar al sol y al mismo tiempo helarnos nosotras mismas. Hay que seguir, Marina, porque la danza no se detiene, ni la palabra se oscurece en estos tiempos que tan poca belleza tienen llenos de dardos y de demonios sin verso.

Me llega el aliento del recuerdo y son muchos y no quiero olvidar ninguno, así que los ordeno, no con fechas, sino con sentimientos que los hacen mucho más hermosos. Es noviembre cuando dices adiós y abril cuando abriste tu costado para darme cobijo entre las páginas de un libro que era mío y tuyo al mismo tiempo. Hubo pandemia y silencios que llegaban entre mascarillas que España nos imponía y nosotras atendíamos, mientras Equilibrista te rozaba el alma y a mí el corazón. Hubo noches de conversaciones interminables y días que no oscurecían porque nosotras los hacíamos luminosos y casi eternos. Había duelo, a veces, y sueños rotos, otras, y siempre se imponía esa forma hipnótica y enamorada de mirar al mundo.

Tantos años, Marina, tantos, que ya no recuerdo el principio y eso me asalta y me perturba y no sé cómo decirte que te voy a extrañar mucho. Quizá decir mucho sea poco hoy que se me seca la garganta y las lágrimas se hacen rebeldes y cuelgan tu nombre en todos los segundos de mi tiempo. Decirte adiós no sé si importa. Decirte que te quiero ya lo sabes. Decirte que eres necesaria es la mejor forma de decirte que no pienso olvidarte.

¿Qué hacemos Marina con las risas, las prisas y las ganas de querernos? Hoy voy a brindar contigo.

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