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Opinión | Cosas que pasan

El transporte urbano camuflado

La última ocurrencia de la alcaldesa de Zaragoza ha sido envolver los tranvías y los autobuses urbanos en publicidad. No digo «con» publicidad que siempre la han tenido, sino cegarlos, camuflarlos, envolverlos como caramelos. De tal modo que los vemos pasar y no se sabe si estás en un parque de atracciones o en la calle a la espera de ver pasar un tranvía o un bus que te lleve a tu destino. La medida está siendo bastante criticada por los usuarios. Lo oculto, es la peor publicidad.

El otro día cogí el tranvía en la plaza España porque iba con prisa, y luego debía hacer trasbordo con el autobús en Elíseos para poder llegar a mi barrio, en Torrero. Cuando se abrieron las puertas del tranvía me asusté porque no cabía ni un alfiler, de lo apretado que iba el personal. ¡Qué agobio! Aguanté como pude emparedada frente a la puerta de salida con la gente empujándome por todos los lados, y me bajé en la siguiente parada. Pero, ¿a quién se lo ocurre empapelar todo un convoy con imágenes como si estuvieras en el cine? Desde fuera no se ve nada de lo que hay dentro. Por tanto, no puedes optar por dejarlo pasar y esperar a otro que no vaya tan lleno. No, ¡qué va! En ese instante mágico en que para, tanto el bus como el tranvía, te la juegas. Y desde dentro la visibilidad se ve algo mermada por el envoltorio publicitario. En fin, un tremendo error de cálculo.

Supongo que las arcas municipales obtienen ganancias con los envoltorios publicitarios del transporte público, pero por favor, señora Chueca, no siga ocultándonos la verdad: si los tranvías van a reventar de gente, déjenos la opción de no cogerlos. Las ventanillas siempre han cumplido su misión: ver el paisaje urbano, la arquitectura de la ciudad, si llueve o hace sol, si va lleno o vacío el vehículo de transporte. Búsquese otro entretenimiento que seguro que algo se le ocurrirá. Pero al transporte público no le añada muchos inconvenientes, que es el factor determinante de la satisfacción o insatisfacción ciudadana en su día a día, en su movilidad. 

Como usuaria del bus, (no me queda otro remedio porque al Oeste no llega ni llegará el tranvía. Antes llegará a Arcosur, y me parecerá bien, pero las líneas de la ciudad consolidada deben completarse) también me llamó la atención ver que un señor muy amable de Avanza hacía unas encuestas dentro del bus a los viajeros sobre varias preguntas relacionadas con la línea 33. En la primera de todas preguntaba sobre su edad, el rango elegido para la encuesta era tener entre 18 y 25 años. Es decir, solo interesaba conocer el grado de satisfacción de los muy jóvenes. Como era de esperar los chicos y las chicas puntuaban con la máxima nota a todas cuestiones planteadas por la empresa. A esa edad la vida es bella. El resto de viajeros no importábamos para Avanza. Me pareció curioso ese sesgo. Espero que realmente les importara solo el grado de satisfacción con el transporte público de los muy jóvenes, y que si se hace pública la encuesta mencionen que la juventud de Zaragoza está satisfecha con esa línea, no todos los usuarios del bus.

A favor tengo que reconocer que hay proyectos serios de urbanismo que son un acierto que la alcaldesa los impulse. Por ejemplo, la recuperación del río Huerva. La ciudad ha vivido durante muchos años de espaldas al río, porque es considerado como un punto negro de la ciudad debido a que es muy difícil acceder a su ribera. El cauce va encajonado entre edificios y los puentes que se han construido están ocupados por una vegetación invasora. Hay desniveles, muros altos y taludes que lo hacen inaccesible en muchos sitios. En el proyecto que trabaja ahora el ayuntamiento se crearán tres nuevas sendas peatonales y se dará continuidad a los caminos para disfrutar del entorno del río donde el cauce lo permita. El Huerva es un río oculto, y lo oculto es porque la intención es que no se vea.

Dentro de poco veremos sendas verdes, plantación de árboles y renaturalización o recuperación del espacio del Huerva a favor de la naturaleza y de los ciudadanos. Así sí se hace ciudad.

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