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Opinión | erre que erre

Zaragoza

El laberinto de Viogén en Zaragoza

El delegado del Gobierno en Aragón, Fernando Beltrán, y la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, en una junta local de seguridad.

El delegado del Gobierno en Aragón, Fernando Beltrán, y la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, en una junta local de seguridad. / JAIME GALINDO

Que Zaragoza lleve cuatro años intentando incorporarse plenamente al sistema Viogén es un síntoma preocupante de cómo las malas relaciones entre administraciones pueden acabar afectando directamente a la ciudadanía. En este caso, a mujeres que viven situaciones de violencia machista y que necesitan, con urgencia, una protección coordinada, sólida y eficaz.

La adhesión al sistema Viogén no es un trámite menor ni una simple cuestión burocrática: es una herramienta que, aunque no garantice por sí sola salvar vidas, sí representa un intento serio de frenar la violencia de género que atraviesa España. Es un sistema que mejora la coordinación policial, refina la evaluación del riesgo y permite actuar con mayor rapidez y precisión. Por eso resulta incomprensible que en Zaragoza, la cuarta ciudad de España, haya estado bloqueado por dinámicas partidistas.

El ayuntamiento, la Delegación del Gobierno en Aragón y el Ministerio del Interior llevan años en un tira y afloja que poco tiene que ver con la seguridad de las mujeres y mucho con la confrontación política. Y mientras tanto, la ciudad ha continuado fuera de un sistema que podría ofrecer un refuerzo indispensable a víctimas cuya situación puede deteriorarse en cuestión de días, incluso horas. Es difícil aceptar que esta protección quede atrapada en despachos donde parece que importa más quién firma qué, que la vida de quien necesita ayuda.

Ahora, con el nuevo impulso del consistorio y la intención de implicar al Área de Igualdad y a la Casa de la Mujer, se abre la posibilidad de avanzar hacia un modelo más completo, en el que la Policía Local cuente con información clave para mejorar la valoración del riesgo. Pero incluso esta mejora depende nuevamente de autorizaciones ministeriales que se han ido retrasando durante años.

Aquí no debería haber colores políticos. Y afortunadamente Vox no interviene. Aquí solo hay mujeres que necesitan protección, hijos que crecen en entornos peligrosos y familias que viven con miedo. Todo lo demás es ruido. Si la Policía Local no cuenta con medios suficientes, corresponde a los responsables políticos dotarlos. Si la coordinación con la Policía Nacional requiere formación, debe planificarse sin más excusas. Y si Viogén ofrece una vía de mejora, el bloqueo administrativo es, sencillamente, injustificable.

El 25 de noviembre, el martes, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Zaragoza volverá a llenarse de discursos institucionales contra la violencia machista. Pero las palabras pierden su sentido cuando, al mismo tiempo, decisiones fundamentales para proteger a las víctimas han estado empantanadas por diferencias partidistas. Ojalá este año, en lugar de proclamas vacías, llegue por fin ese compromiso real de poner a las mujeres por delante de cualquier disputa política.

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