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Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

Zaragoza

Zaragoza debería dibujar su futuro

Los futuros proyectos impulsados en la capital aragonesa no se están acompañando de una planificación a 10 o 15 años vista de las infraestructuras que necesitará y por las que pelear ahora para, como sucedió con la Expo, hacerlas realidad a tiempo

Vista aérea de la margen izquierda del Ebro en Zaragoza, con el acceso a la ciudad desde la avenida Pirineos.

Vista aérea de la margen izquierda del Ebro en Zaragoza, con el acceso a la ciudad desde la avenida Pirineos. / Miguel Ángel Gracia

Hace ya 17 años que Zaragoza vivió con la Expo 2008 mucho más que una muestra internacional de 93 días. Su evento sirvió para que los gobiernos de España y Aragón se pusieran manos a la obra para hacer realidad todas las infraestructuras que la capital aragonesa necesitaba desde hacía más de 20 años para progresar. Un entramado de proyectos que hicieron que los cerca de mil millones que necesitaba para acondicionar el recinto de Ranillas se convirtieran en más de 2.500 con un plan de acompañamiento que llevaron a cabo un diseño de ciudad que llevaba dibujándose desde diez años atrás. Ahora, no está muy claro quién está dibujando la Zaragoza de 2035 o 2045 con nuevas infraestructuras también necesarias por las que pelear para una nueva transformación que la capital aragonesa empieza a necesitar. Porque o se hace ya o el futuro le arrollará sin tener una idea clara en qué quiere convertirse.

Esta semana, por ejemplo, a raíz de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, anunciara que el AVE en dos o tres años podrá circular a 350 km/h, todos nos hemos acordado de que un día se peleó por una segunda estación del AVE junto a Plaza y la feria que atraería más trenes de alta velocidad a la capital. Se llegó a decir en su día que todos pararían en Zaragoza si esta existiera, y se llegó a elegir ubicación, con toda lógica, que sería el entorno de Plaza, con vistas al aeropuerto y un Cercanías que todos defendían que debería hacerse.

Pues bien, no ha pasado tanto tiempo desde que Marcelino Iglesias, entonces presidente de Aragón, y Adif visitaban las obras ya iniciadas de esa terminal que poco después se desterró para quedarse en nada. Iba a costar 50 millones y estaría lista para en pocos años. Antes de que Renfe multiplicara su oferta en Zaragoza, de la llegada del low cost y de los nuevos operadores como Ouigo e Iryo, antes de apostar por Arcosur para acelerar la construcción de 18.000 viviendas en los próximos años o de que el aeropuerto despegara en pasajeros y mercancías... Ese futuro ya está aquí y esa infraestructura sigue en el cajón.

Zaragoza tiene apuestas claras a futuro en zonas que siguen sin tener un plan. Por ejemplo definir qué se quiere hacer con la orla este para rematar ese extremo de la ciudad, o la remodelación integral de las carreteras de Castellón, Logroño y Huesca a las que poco a poco irán apareciendo nuevos focos de atracción. O simplemente una red de Cercanías más ambiciosa que conecte con todos los futuros centros de trabajo que se crearán, no solo Huesca y porque a Aragón le venga bien atacar a Sánchez. Zaragoza tiene licencia para soñar y motivos para construir a lo grande. Pero si no hay retos por los que luchar, seguirá estancada en la anécdota del momento o esperando otros 20 años a que alguien en Madrid o el Pignatelli les haga caso.

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