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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

20-N: Franco no ha muerto

No nos extraviemos en tecnicismos ni gaitas templadas. El fallo sin sentencia redactada del Tribunal Supremo contra el Fiscal General forma parte de una ofensiva orquestada de la Derecha política, mediática, económica, armada y judicial. Los togati, aliados con la UCO, la iniciaron y la han rematado sin escrúpulos legales; el resto de la entente empuja ahora para tumbar al gobierno «ilegítimo» que les ha «usurpado» el poder que les toca por destino. Airean el fallo fallido el mismo día que conmemorábamos medio siglo sin Franco: corría prisa evitar filtraciones y acumular munición tras las revelaciones, ya sustanciosas, del caso de la tríada trincona del PSOE. Esta efemérides coincidente nos recuerda que el establishment del franquismo no ha desaparecido del todo. Nuestro edificio democrático está sustentado en algunos pilares que prolongan cimientos en el elitismo y corporativismo que fundamentó aquella funesta dictadura; el entramado económico no ha cambiado sustancialmente y es el que controla el mediático, la judicatura es mayoritariamente endogámica y ultraconservadora, como nuestra jerarquía eclesiástica, y en las fuerzas de seguridad, pese a los intentos de renovación, no predominan los aires progresistas. Los que mandan de facto han asumido nuestra democracia hasta donde les interesa, retorciéndola o amenazándola (Vox como comodín) cuando no les salen las cuentas. El búnker franquista se ha transmutado en una viscosa medusa de intereses con apariencia de «modernidad» preñada de cinismo que enarbola las banderas de la libertad, estado de derecho y demás monsergas vaciadas de sentido. Ayuso, caudillo del trumpismo/trampismo cheli, es su mascarón de proa: católica no creyente que cohabita sin matrimoniar en un megapiso bajo sospecha con un delincuente confeso e investigado... La Gorgona madrileña acumula cadáveres tras ejecuciones sumarias (Casado, García Ortiz, Feijóo en capilla) sobre cadalsos sustentados por la prensa paniguada y el activismo judicial. Como en los tiempos oscuros, la sangre sirve de alerta a los que osen saltarse los dictámenes de la mafia asociada...

En la guerra abierta que ya vivimos las posturas templadas sirven de poco: o profundizamos en la auténtica democracia o seguimos dejando hacer a los herederos del franquismo disfrazados de demócratas verdaderos. Para contrarrestar semejante impostura, para volar este nuevo búnker de los falsarios, habría que clonar varias veces las mentes maquiavélicas de Suárez y Fernández Miranda. El reto no es pasar «de la ley a la ley», como en aquellos heroicos tiempos, sino de imponer la Ley, con mayúscula, que los de siempre están retorciendo y conculcando para su provecho.

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