Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA
El pasado fue peor
Hay veces que, para entender mejor el mundo que vivimos, conviene pensar como un extranjero en la propia tierra, al modo de Las Cartas Marruecas de Cadalso o del Montesquieu de Las Cartas Persas. Porque si un extraterrestre escuchara decir a Vox que la dictadura franquista no fue mala, o que con el dictador se vivía mejor, probablemente les preguntaría, ¿qué hizo el dictador durante cuarenta años? A lo que habría que contestar: pues condenó a las fosas comunes, a la cárcel o al exilio a miles de personas por pensar distinto, hasta rubricó su muerte con cinco condenas dos meses antes de su defunción; prohibió las libertades; eliminó los partidos políticos, sindicatos y asociaciones; consideró a las mujeres seres inferiores, de segunda, con derechos cedidos por su hombre; eliminó la diversidad cultural, social y lingüística; prohibió todo aquello que se asemejase a la modernidad, al europeísmo y a la solidaridad; eliminó y persiguió con saña la diversidad sexual; instauró la censura previa a todo lo que se escribía y condenó a quien osaba saltársela «por mermar el prestigio de la nación o del régimen».
El franquismo fue una etapa obscura donde reinaba el silencio y el miedo. Fue un régimen cruel y déspota que oprimió, explotó, martirizó y doblegó a los trabajadores con la represión y el hambre. Y, por el contrario, facilitó el desarrollo de una casta oligárquica con prebendas y corruptelas que todavía hoy detenta una gran parte del poder económico.
Aún recuerdo el miedo de aquella fría mañana del 20 de noviembre del 1975, cuando entre la niebla apareció el Land Rover de la Guardia Civil de Casetas en nuestra recién estrenada cooperativa de enseñanza, los charoles del tricornio y las verdes capas con los mosquetones colgados en bandolera asemejaban los jinetes negros de una película de terror. Sin apenas palabras nos conminaron a poner la bandera a media asta y el crespón negro que, por supuesto, no teníamos. Comprar la bandera inmediatamente, colgarla de un palo y resolver el crespón negro con la aportación de la ropa íntima de una compañera no nos libró de visitas y requerimientos durante la semana de duelo.
«Si quieres identificar una dictadura es muy sencillo, todo lo que no es obligatorio está prohibido», dice Iñaki Gabilondo. Aunque la más reciente encuesta sobre el franquismo publicada el pasado 20-N por 40 DB recoge que el 85% de los ciudadanos reconoce que el régimen franquista fue una dictadura, y el 74% afirma que la democracia es preferible a cualquier forma de gobierno, solo el 55% la valora negativamente, una cuarta parte se sitúa en la equidistancia y un 15% la juzga positivamente. Seguramente, entre ellos se encuentra ese 24% de jóvenes entre 18 y 24 años que se consideran partidarios de un régimen autoritario, a pesar del desconocimiento que manifiestan tener sobre la dictadura.
Los vínculos del 69% de los simpatizantes de Vox con el franquismo o del 48% del PP en medidas ideológicas o simbólicas tienen mucho que ver con los mitos que vienen de lejos sobre este régimen. Hablan siempre de una etapa de crecimiento económico y bienestar, olvidándose de la autarquía, las cartillas de racionamiento, el estraperlo, los mercados de abastos, los salarios de miseria durante decenas de años, los gastos para prevenir y curar posibles enfermedades… Fueron años de muchas penurias y pocas alegrías.
Además, los datos nos dicen otra cosa. «Mientras los países de la Europa Occidental tardaron cinco años en recuperar el PIB per cápita previo a la Segunda Guerra Mundial, a España le costó 17 años. Mientras que en 1975 el gasto público suponía el 11,7% del PIB nacional, la media europea estaba entre el 40 y el 50%». Según los datos aportados por los catedráticos Vicente Pinilla y Margarita Vilar.
Otro de los grandes mitos es el de que en esta época hubo pleno empleo. Y, efectivamente, el paro fue muy bajo. Por un lado, por la escasa incorporación de la mujer al trabajo y, por otro, por la existencia de mas de dos millones y medio de trabajadores emigrantes en países como Alemania, Francia, Reino Unido y Suiza, fundamentalmente.
Al margen de la corriente ideológica mundial de autoritarismo, xenofobia, recorte de libertades individuales y desprecio al equilibrio de recursos para con los más desfavorecidos, hay que reconocer que en el auge de la extrema derecha entre nuestros jóvenes, algunas culpas tendremos la sociedad, las familias y la educación recibida. Si tan solo el 24 % ha recibido información de la dictadura en los centros de enseñanza, urge cambiarlo inmediatamente.
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