Opinión | Sala de máquinas
Paco Sabater
Una de las mayores satisfacciones que puede experimentar un escritor es la de dar la bienvenida a otro. En este caso, a Francisco Sabater, cuyo libro de relatos, titulado El secreto (editorial MilMadres) lo acredita como un narrador de muchos quilates.
En su volumen, el autor ha incluido una nutrida gavilla de casi cuarenta cuentos que se leen con admiración y placer. Siendo esa satisfacción del lector la mejor prueba de que el neófito –se trata de su primera publicación– ha salido airoso del reto editorial.
En sus relatos, Paco Sabater combina una afortunada mezcla de elementos realistas con la memoria personal de una vida muy interesante y variada. Más, por supuesto, las necesarias dosis de imaginación como para que cada una de esas historias invite a volar a los lectores hacia esos reinos mágicos donde el lenguaje flota y la mente se evade. Técnicamente, por otro lado, están bien planteados y mejor resueltos. Demostrando el autor una capacidad más que elogiable a la hora de elegir un género y desarrollarlo canónicamente; o bien de combinar determinadas disciplinas narrativas en pro de una solución o efecto final que «cierre» adecuadamente y con la debida originalidad el relato en cuestión.
Hay en Paco Sabater, añado, una música propia, ese deje que el estilo personal debe imponer al lector cuando éste vaya avanzando en las páginas de El secreto. Una manera de narrar, de contar, de escribir, que le pertenece a él y a nadie más. Y que, en este caso, tapa o maquilla tan hábilmente posibles influencias o débitos que no resulta nada fácil relacionarlo con otros autores, colocarle etiquetas o encuadrarlo en corrientes artísticas. Como ya aconsejaba uno de los grandes autores de relatos, Jorge Luis Borges, «ha borrado bien las pistas».
En otros aspectos, como la ambientación, Sabater se maneja con soltura y evidente buen gusto. Su ciudad, Zaragoza, aparece aquí y allá, en sus calles y casas, arboledas y centros deportivos, reflejando «tipos» procedentes de un pasado que el autor, lejos de olvidar, ha transformado en una nueva materia, rescatándolos, embelleciéndolos, transformándolos en literatura. Siendo el recurso a la evocación compatible con modernos conceptos y ágiles diálogos.
Una lectura sorprendente. Enhorabuena.
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