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Opinión

Aragón, el nuevo Ohio económico

La apuesta de la comunidad por la energía, el talento, la tecnología, la colaboración con China y la inmigración anticipa los cambios que están por llegar en España y en Europa

En imágenes | Así ha sido el acto de puesta de la primera piedra en la gigafactoría de Figueruelas

En imágenes | Así ha sido el acto de puesta de la primera piedra en la gigafactoría de Figueruelas

Zaragoza está considerada una ciudad para testar eventos o productos que luego se llevan al resto de España. Se suele decir que lo que funciona en la capital aragonesa tiene éxito en el resto del territorio nacional (y a la inversa). Pero la ciudad del Ebro no es el único banco de pruebas. Aragón ha sido históricamente el mejor termómetro para anticipar los resultados de las elecciones generales. De hecho, el partido que sale victorioso en Aragón suele ocupar La Moncloa, algo que ocurre desde 1977, salvo en los últimos comicios de 2023, en los que ganó Feijóo y gobernó Pedro Sánchez. Esa tendencia ha llevado a considerar Aragón como el Ohio español, un estado que históricamente ha sido decisivo para que la Casa Blanca la ocupe un presidente demócrata o republicano.

A la perspectiva social y política se añade ahora el paradigma económico que hace que Aragón sea en estos momentos un espejo en el que mirarse y posiblemente el territorio que anticipa los cambios que están por llegar tanto en España como en el viejo continente. El pasado jueves, más de 1.800 directivos de toda España se dieron cita en Zaragoza para tratar de analizar cómo saldrá Europa de la encrucijada en la que se encuentra. El continente tiene ante sí múltiples retos en un escenario global dominado por Estados Unidos y China, dos gigantes que comienzan a debilitar el liderazgo que un día pudo tener Europa. La energía, el cambio climático, la banca, la inmigración, la aplicación de la inteligencia artificial, el sistema de protección social y la innovación forman parte de un puzzle que la UE tendrá que recomponer más pronto que tarde.

Aragón ha comenzado a dar pasos para resolver esa encrucijada. La colocación de la primera piedra de la gigafactoría de CATL y Stellantis en Figueruelas demuestra que el camino elegido por la comunidad pasa por la cooperación y el entendimiento con China para impulsar la transferencia de conocimiento y tecnología con el fin de producir vehículos a un precio más competitivo en la nueva era del coche eléctrico. Aragón anticipó este paso hace ya algunos años mientras veía cómo la industria automovilística europea comenzaba a tambalearse e iniciaba un proceso de selección natural que dejará muchos cadáveres por el camino.

Aragón lo tiene claro: el desarrollo y la prosperidad solo llegarán si hay trabajadores suficientes, formación y talento

La tecnología y la aplicación de la inteligencia artificial es otro de los dilemas que Aragón ha resuelto con una apuesta clara por la nueva era digital. La llegada de centros de datos a la comunidad se fraguó hace ya varios años y antes de 2030 estará en marcha un ecosistema de grandes complejos que permitirán almacenar ingentes cantidades de información y datos sobre los que se construirá el futuro tecnológico global. Ese escenario, no obstante, pasa por contar con un suministro energético que alimente no solo a las grandes tecnológicas sino también a la industria, lo que permitirá elevar la competitividad de las empresas. La capacidad para generar, transportar y distribuir esa energía es, junto a la puesta en marcha de una estrategia de economía circular para minimizar los residuos, un factor estratégico clave en los próximos años.

Aragón también ha visto cómo cambiaba de forma drástica su mercado laboral. Hoy, el número de desempleados es inferior a los 50.000 y la ocupación ha experimentado un notable repunte con cifras de afiliados a la Seguridad Social nunca vistas antes. Esa realidad, no obstante, encierra una dramática falta de personal cualificado y no cualificado que solo es posible cubrir con la llegada de inmigrantes. Y ese es otro debate al que ha de enfrentarse España y Europa en un contexto en el que la extrema derecha parece ponerse una venda en los ojos. Aragón, por ahora, lo tiene claro: la economía, el desarrollo y la prosperidad solo llegarán si hay trabajadores suficientes, si hay formación y si hay talento, un elemento determinante para configurar el futuro.

La estabilidad política e institucional es otro de los activos en los que se quiere apoyar Aragón, junto con la agilidad administrativa y la colaboración público-privada, aunque esa ecuación quedaría incompleta si no se apuntala un buen sistema público que dé cobertura a los servicios sociales (el envejecimiento de la población va en aumento), la educación (decisiva para llegar a buen puerto) y la sanidad.

Aragón se ha convertido en el paradigma de lo que está por venir o, como podría leerse en el vídeo de presentación de la gigafactoría de Stellantis y CATL, quizá el futuro ya esté aquí.

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