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Opinión | erre que erre

Zaragoza

Tiempo de espera en Aragón

Hemiciclo de las Cortes de Aragón en el Palacio de la Aljafería.

Hemiciclo de las Cortes de Aragón en el Palacio de la Aljafería. / Miguel Ángel Gracia

En Aragón, la política parece haber entrado en una hibernación institucional. Un tiempo de espera indefinido, casi litúrgico, en el que todos miran de reojo al de al lado para ver quién se mueve primero. El Gobierno de Aragón asegura desde hace semanas que presentará los presupuestos «pronto», «en breve», «cuando toque». Pero el calendario avanza y seguimos sin proyecto, sin cifras y sin horizonte. Se dice que llegarán, sí, pero cada día que pasa suenan más a promesa repetida que a compromiso firme.

Tampoco está claro quién los apoyará cuando por fin aterricen en las Cortes. Vox dice que no, pero ya se sabe: lo que Vox dice y lo que Vox hace no siempre coincide. El PP aragonés depende de ese juego de equilibrios para sostener la legislatura y, aun así, el presidente Azcón dice que podría haber adelanto electoral, pero ahí estamos. Su mirada está puesta en lo que ocurra en las elecciones de Extremadura. Esperar a Castilla y León, en marzo, puede tener más inconvenientes. O no. Y el clima nacional añade otra capa de incertidumbre: sin presupuestos en España, sin un bloque claro y con un Congreso paralizado, no es descabellado pensar que Azcón espere a ver qué hace Sánchez antes de mover ficha. Sabe que lo mejor para el líder del PP es que los aragoneses voten en solitario.

El PSOE vive su propia fase de silencio incómodo. En Madrid, expectantes. En Aragón, aún más. La figura de Pilar Alegría, imbuida en la política estatal, aparece desdibujada cuando se trata de atender a los medios aragoneses o marcar una estrategia territorial. No se escuchan propuestas, ni alternativas, ni siquiera esbozos. Se le ve con un silencio que pesa.

La izquierda alternativa tampoco atraviesa su mejor momento. Podemos Aragón sigue en paradero político desconocido, sin liderazgo visible y sin una voz que articule discurso. En IU, la marcha de Álvaro Sanz deja un vacío más profundo de lo que se quiere admitir. A CHA, ni se le oye, esperando acontecimientos.

Y mientras, la refundación del PAR, que prometía ser un revulsivo, parece haber eclipsado a Alberto Izquierdo o quizá lo ha sumado, como a tantos otros, a este tiempo de espera generalizado. Aragón Existe parece dispuesto a romper este letargo. Pero es difícil hacer ruido cuando el resto del ecosistema político ha decidido refugiarse bajo el muérdago institucional.

Quizá sea el ambiente navideño, que invita a la pausa, a la introspección y a la comodidad del «ya veremos». Pero da la impresión de que, en Aragón, este espíritu ha calado demasiado pronto. Todos aguardan, todos observan, todos posponen. Y así, el debate político se diluye, la acción se aplaza y el futuro se queda esperando en la antesala, como si la política aragonesa hubiera decidido pasar diciembre mirando por la ventana, confiando en que el primer paso lo dé otro.

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