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Opinión | Editorial

La nieve, apuesta clara en Aragón

Aragón ha estrenado una nueva temporada de esquí con poco más de 72 kilómetros disponibles en Formigal y Astún en lo que representa el aperitivo de una campaña que se augura histórica. La próxima semana, salvo sorpresa mayúscula, deberían estar abiertas al público todas las estaciones de la comunidad. Cerler, Panticosa, Candanchú y las turolenses de Valdelinares y Javalambre podrían seguir la estela y afrontar un puente de la Constitución que no hace tanto llegaba envuelto en la incertidumbre. Mirando al cielo para que la nieve hiciera acto de presencia en un momento del año que siempre se ha considerado importante pero no decisivo para que la campaña invernal fuera un éxito. El sector de la nieve se mueve ahora en otro escenario, con las inversiones millonarias que desafían al cambio climático, evidente pese a que algunos partidos lo nieguen, y se ha echado mano de la innivación y más de un millar de cañones para fabricar este oro blanco del que dependen tantas familias. No es un mero dato estadístico el número de esquiadores que apuestan por Aragón para disfrutar de este deporte, es economía y sostén para quienes dependen de que cada año sea un éxito. Una palabra, esta última, muy manida cuando se trata de difundir la mejor imagen posible al exterior, en un contexto actual en el que casi todo es exitoso sea cual sea el resultado. Pero en el caso de la nieve, sus cifras se deben plasmar luego en la cuenta de resultados. Dejar unos beneficios como los casi 6 millones que consiguió en la última campaña el holding aragonés de Aramón sí es un éxito, y la explicación está clara: un aumento significativo de clientela, un 35% más de esquiadores, son el argumento perfecto de que hay futuro en este sector estratégico. Y el objetivo no puede ser otro que el de seguir creciendo, y para ello solo hay un camino: mejorar la oferta, invertir en nuevas prestaciones, actualizar sus instalaciones y no fiarlo todo a unir estaciones a toda costa como si fuera la fórmula mágica de la prosperidad.

La realidad es que Aragón está en un escenario muy diferente al de hace pocos años. Ha invertido muchos millones de euros de la mano de un Plan Pirineos que prometía 250 millones de euros para una hoja de ruta que tenía al sector de la nieve como máxima prioridad y casi única. Un porcentaje muy alto de esas inversiones fueron dedicadas a esa finalidad, incluso parte del dinero que ya tenía adjudicada la unión de estaciones de Astún y Candanchú con Formigal a través de Canal Roya. Un proyecto fallido que no ha desaparecido del radar autonómico pero se ha aparcado por otras inversiones como la innivación que apuesta por generar nieve en condiciones idóneas durante más días cada temporada. Atrás quedaron los años en los que el puente de la Constitución se daba por perdido y con él buena parte de las esperanzas de tener una buena temporada. Ahora parece que el sector es capaz de manejar la situación y propiciar un escenario más favorable. También parece tener menos importancia ese objetivo del pasado de diversificar la oferta y abrirse a atraer visitantes más allá de la época invernal. La nieve tiene el peso que tiene en la economía de la zona y no se han derretido sus posibilidades de mejora. Ahora se trabaja en todos los frentes pero marcando prioridades, en un mercado en el que las estaciones vecinas de Cataluña o Francia son una competencia muy fuerte, pero Aragón cada vez se ve con más fortaleza de luchar de tú a tú por ser un digno rival. Mientras sigue trabajando en sus debilidades, que sigue teniendo, como es la capacidad de ofrecer una conexión ágil y competitiva, con el aeropuerto o la alta velocidad, para llegar a nuevos mercados o conquistar definitivamente la clientela de Madrid, entre otros retos, y aspirar a un futuro todavía más blanco o, como mínimo, menos negro.

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