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Opinión | Sala de máquinas

Alfonso Paso

La figura de Alfonso Paso ha quedado algo preterida en el tiempo. De manera injusta, hay que decir, pues tanto el reconocimiento que tuvo durante su carrera teatral como su legado –más de 170 obras de teatro– merecerían el beneficio de la permanencia en la cultura española.

También sus artículos periodísticos, cuya recopilación Los pasos perdidos (Ediciones Barbarroja) se presenta esta tarde en el Teatro Principal de Zaragoza, con presencia de la hija del autor, Almudena.

Su lectura nos devuelve a un Alfonso Paso dueño de una pluma tan ligera como cargada de recursos, rica en ingenio y humor, feliz en la ironía y aguda en la paradoja. Alimentada, además de con su clara prosa, con los vicios y virtudes de unos españoles, los de la posguerra, los de los años cincuenta, sesenta, setenta, que él tan profundamente conoció, y a los que supo representar en sus comportamientos y almas, en sus secretos y anhelos. Retratando con certeras palabras aquella manera de ser que, en parte, ha perdurado y, en parte, ha quedado sepultada bajo los artificios de la modernidad y la globalización.

Leyendo los artículos, o «narraciones» (pues algunas entregas tomaban forma de relato) que Paso publicó en periódicos serios o en revistas satíricas como ABC o Can Can reconocemos a aquellos españoles que intentaron sobrevivir en la posguerra a base de ocultar con sonrisas la tragedia de un país arruinado y aislado, pero cuya gente seguía en pie, buscándose la vida, el trabajo, un horizonte... Necesitada, sobre todo, de alegría. Y eso fue lo que Paso aportó, entre otras muchas cosas, a las tablas de nuestros teatros: comedias, melodramas y otras numerosísimas dramaturgias de difícil etiquetaje, en las que afloraban los problemas cotidianos de la sociedad española, su manera de pensar, actuar, sobrevivir, prosperar o amar... No todas se representaron, pues algunas no lograron superar la censura franquista, implacable –también con él–, a la hora de evitar contenidos sociales, eróticos o políticos que consideraba incorrectos. En cambio, sí se representaron fuera de España, siendo traducidas a varios idiomas.

Ojalá, al hilo de estos recomendables artículos periodísticos, se avance en la recuperación de su memoria

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