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Opinión

Atajar la peste porcina

La peste porcina africana ha reaparecido en España de forma súbita (en Aragón todavía no hay casos pero sí repercusiones económicas y en las exportaciones). Es un golpe que pone en vilo a un sector que vende por valor de 8.000 millones de euros en toda España, 2.200 de ellos desde la comunidad aragonesa, y que ve peligrar el acceso a los mercados extracomunitarios. España logró deshacerse de esta epidemia con grandes esfuerzos después de haberse visto afectada entre 1960 y 1994, lo que estranguló el potencial exportador de la carne de cerdo y productos derivados. Desde ese momento en que quedó libre del virus este sector vivió un boom que le ha permitido convertirse en la segunda potencia exportadora de carne de cerdo del mundo, hasta producir el 24% de la UE y transformar el paisaje económico y social de comarcas enteras. Ahora todo esto puede sufrir una sacudida de dimensiones inciertas (aunque que la política de un gran importador como China sea la de la «regionalización», que pasa por vetar solo las zonas directamente afectadas, moderará el impacto) si el brote localizado en el Vallés no se ataja de forma efectiva en los próximos días. Mientras, el hecho de que la carne de las comarcas barcelonesas bajo vigilancia sea comercializable en España y la UE (el potencial impacto es económico, no de salud pública sobre las personas) debería ser aprovechado de forma eficaz.

La peste porcina africana regresó a Europa en 2007, se expandió desde el Cáucaso a Europa del Este y los Balcanes y ha tenido ya incursiones en países como Suecia, Bélgica o Italia. La contaminación a través del transporte por carretera desde esos países, sea a través de comida contaminada u otro vector, era pues perfectamente posible sin necesidad de que se quieran buscar culpables en actividades señaladas de forma rutinaria por algunos a cada crisis, como la ganadería intensiva o las explotaciones cinegéticas de jabalís en cotos gestionados como actividad comercial. La superpoblación de este animal en un entorno urbano, que ahora puede convertirse en un factor de proliferación del virus, responde en Cataluña a otras causas, y es precisamente la cría doméstica de estos animales la que ha hecho que se extendiese en los últimos años por países como Ucrania, Bielorrusia, Polonia o los Balcanes. La estructura del sector, con granjas modernas y controladas, es un factor que afortunadamente dificulta la extensión de la enfermedad (a diferencia de lo que ocurriría si llegase a áreas de cría en semilibertad, como las dehesas extremeñas): en este sentido, que todas las explotaciones en la zona donde han aparecido jabalís muertos estén libres del virus es un elemento que permite moderar el alarmismo. Que no la alarma necesaria.

La reacción debe ser inmediata. El seguimiento estricto de las restricciones de acceso al medio natural establecidas para evitar la propagación deben ser seguidas estrictamente; es un gesto de solidaridad con las 300.000 personas que viven de esta actividad en toda España. La DGA ha reforzado las inspecciones con doce veterinarios más y debe estar preparada. La colaboración entre administraciones también debe ser aplaudida.

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