Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Virando a babor

¿De verdad merece la pena?

¿Merece la pena llegar tan alto, ministro, o presidente de una Comunidad autónoma o Diputación Provincial, diputado... para acabar en Soto del Real si te pillan trincando? ¿Merece la pena por mucho dinero que sea, por mucha cuenta en Suiza o en Andorra, por mucho ático, por muchas almohadas rellenas de billetes? ¿Merece la pena si con tu corrupción traicionas los valores que dices defender, a los compañeros que confiaron en ti, a tanta gente que trabaja y milita a cambio de nada, a tanto votante que mantiene la esperanza en un Gobierno que defienda los intereses de los más humildes, que impida el deterioro de los pilares del Estado de Bienestar en riesgo permanente de privatización?

Decía Max Weber que «hay dos maneras de hacer de la política una profesión. En efecto, se vive ‘para’ la política, o ‘de’ la política» y, afirmaba que por lo regular ambas van juntas y el que vive «para» la política «hace de ella su vida». Vive «de» la política como profesión el que aspira a hacer de ella una fuente permanente de ingresos y vive «para» la política aquel en quien no sucede tal cosa. Naturalmente, reconoce el autor, que para vivir para la política se ha de poseer bienes de fortuna o ha de tener una posición privada que le rinda ingresos suficientes.

Los partidos obreros nacieron precisamente por eso, para permitir que algunos de los que no tienen rentas ni fortuna puedan vivir «para» la política representando a los que de otra forma quedarían fuera del sistema. La tipología se queda corta en estos tiempos. Ha aparecido el que va a la política sin vocación de servicio a lo público, sólo para trincar, y vivir «de» la política mucho mejor que su mediocridad le permitiría alcanzar en otros ámbitos.

Conozco un puñado. Algunos acuden a vampirizar las ubres del Estado a la vez que reniegan del mismo y otros a lo mismo disimulando con el mensaje contrario. Hemos llegado a un punto en el que, casi rotas tantas esperanzas, o se ponen manos a la obra, o sea, con hechos más que con palabras, contra la corrupción o triunfará lo del «todos son iguales». Y adiós, Democracia. Adiós, Estado de Bienestar. 

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents