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Opinión | Sedimentos

Reencuentros

Cuando en un estudiante germina el amor por la cultura, permanece durante toda su vida. Y suele ser un profesor o maestro quien enciende esa llama, fruto de su vocación y absoluta entrega a la enseñanza. Sin embargo, es raro, muy raro, que su labor didáctica obtenga el merecido reconocimiento, salvo por el aprecio que sus alumnos suelen dispensarle, cariño y respeto que en verdad suponen el más valioso premio para ellos.

No obstante, existen galardones orientados a identificar a los educadores destacados, que llegan más lejos de lo que el normal ejercicio de su profesión les exige, y tienen un impacto significativo en la vida del alumnado y de la comunidad. Como el Global Teacher Award, que ha otorgado en la India su premio 2024 a Ana Belén Yuste, profesora del IES Consaburum en Consuegra, Toledo; una docente que se esfuerza por adaptarse a las nuevas tecnologías sin desdeñar en absoluto los métodos tradicionales, con los que ella misma se formó. Recuerda con infinito cariño a maestros y profesores que desde su más tierna infancia fueron esenciales para proporcionarle un apoyo trascendental en su camino hasta la universidad e intenta inducir en sus propios alumnos ese mismo impulso y motivación que ella recibió y que tan indeleble huella le dejó.

Es muy hermoso el reencuentro con los educadores que han marcado nuestra vida. Tuve ocasión de experimentar ese feliz sentimiento, no de forma personal, sino a través de una página en la obra Iniciación a la historia de la literatura en Aragón, donde junto a la mía aparece la reseña de Leandro Gay, antiguo profesor de la Universidad Laboral, en el séptimo curso de Bachillerato Técnico Superior; un docente que supo inculcarme su infinita querencia hacia el Derecho y en cuya memoria leí toda su obra, origen de nuestra complicidad compartida en la creatividad literaria.

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