Opinión
Soñar en grande
Cuando un joven Spielberg se entrevistó con John Ford, parece ser que éste último le conminó a mirar dos cuadros de su despacho y le dio la lección cinematográfica de su vida: –¿Dónde está el maldito horizonte!? ¡Cuando está arriba es interesante, cuando está abajo es interesante, pero cuando está en el medio es jodidamente aburrido! Hace ya unos años que a la familia del teatro aragonés nos quieren colocar el horizonte en el medio, y me explico:
El Patronato de Artes Escénicas de Zaragoza, dependiente –claro está– del área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza es el órgano que gestiona, por medio de las decisiones «por intuición» [sic] de su gerente –cargo elegido no por oposición ni concurso– una parte importante de la vida cultural pública de la ciudad, en especial la que concierne a las artes escénicas. Desde hace cinco años, el paso de compañías y artistas aragoneses por el Teatro Principal de la ciudad es tan anormal como que llueva en los Monegros.
Quien me conoce, sabe que nunca he reivindicado que el lugar de nacimiento cree un derecho para que un trabajo sea aceptado, por la misma razón me rebela que precisamente el ser aragonés nos impida acceder al gran teatro de la ciudad. Porque si no ¿qué razón habría para que espectáculos y artistas aragoneses que trabajan por toda España y a nivel altísimo internacionalmente sean relegados al Teatro del Mercado o directamente no programados? Si en ningún sitio nadie es profeta en su tierra, últimamente en nuestra tierra este cainismo es religión fanática. Hubo tiempos similares, claro que sí, recordemos lo que escribía nuestro Francisco de Goya, del que tanto se presume una vez muerto: «… en acordarme de Zaragoza y pintura me quemo vivo».
El no dar acceso a las compañías locales a este gran espacio coloca el horizonte de los artistas en el medio, en el «jodido aburrimiento» de John Ford. Impiden que soñemos a lo grande, que hagamos espectáculos que puedan viajar, además de por nuestra tierra, a grandes teatros de todo el mundo, como hemos hecho desde que vivimos en democracia. Impiden que podamos presumir del talento aragonés, fortalecer nuestro tejido cultural, formar en la experiencia, crear nuevos públicos, adaptarnos a las novedades... Quieren que nuestros sueños se queden a tres metros y medio, que es la altura del Teatro del Mercado, al que se relega casi todo aragonés que quiere que su obra sea programada por el teatro público.
Es un teatro precioso, es verdad, cercano, íntimo y cálido, sí, pero no se trata de eso: se trata de poder decidir la dimensión de tu proyecto, de no dejarnos bajar la expectativa, de luchar por la calidad y la ambición artística, de soñar a lo grande. No nos dejemos que nos roben eso también.
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