Opinión | UNA MIRADA AL FRENTE
Gonzalo Postigo
Observar la degeneración política
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A estas alturas del calendario político, la única constante en La Moncloa parece ser la incertidumbre. La actualidad de la semana, de hecho, no difiere sustancialmente de la de los últimos meses, pues asistimos a la crónica de una crisis de integridad sistémica donde cada día trae consigo una nueva erosión: ya sea institucional, ética o, para escarnio de los contribuyentes, financiera.
Ergo, la estabilidad de esta legislatura se mide al ritmo de las cesiones. La supervivencia del Gobierno se ha transformado en una dependencia estructural y profundamente asimétrica, cuyo hilo conductor es la tiranía de los siete votos separatistas de Junts. Hace apenas unos días, el jefe del ejecutivo, Pedro Sánchez, se vio forzado a entonar un mea culpa poco frecuente, asumiendo los «incumplimientos y retrasos» criticados por los nacionalistas. Y para corregir la situación, el Gobierno ha recurrido al mecanismo de siempre: el pago inmediato con activos institucionales de todos los españoles.
Dicho esto, veremos como se consolida la línea de delegación de competencias cruciales, como la gestión integral migratoria o la gestión de la oferta pública de empleo de habilitados nacionales a Cataluña. La cesión de las competencias migratorias, un asunto de seguridad nacional y política exterior fragmenta la política de Estado, mientras que la transferencia de los habilitados nacionales compromete la imparcialidad administrativa y la fiscalización de miles de ayuntamientos. Como bien ha ironizado el líder socialista Emiliano García-Page, la noción de que «de rodillas Puigdemont nos va a respetar ¡es absurdo!», crítica que subraya el coste político de «aguantar a cualquier precio».
A priori, si la dependencia externa resulta bochornosa, la gangrena interna del PSOE es, si cabe, más aberrante. José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García, los dos últimos secretarios de organización, diputado y exministro y exdiputado del Congreso. A esta plaga hay que añadirle la profunda contradicción ética. El partido que enarbola la bandera del feminismo está teniendo que lidiar con el caso de Francisco Salazar, figura de máxima confianza de Sánchez, noticia esta semana por la inacción del partido frente a las denuncias internas de acusación por acoso sexual.
Además, continuamos sin presupuestos en esta legislatura y suman ya 142 las derrotas parlamentarias.
En definitiva, para atajar esta grave crisis gubernamental, la solución no reside en el mero acto de ceder, sino que urge la recuperación de la dignidad institucional: Elecciones.
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