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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Perdón, Carles

Esa otra leyenda negra de que los españoles somos gente ingrata y desleal se resquebraja frente al trato destinado a Carles Puigdemont. En este caso, hemos sido exquisitos.

El afecto –casi podría decirse: el cariño– con que nuestros gobernantes han tratado y siguen tratando al líder de Junts, superaría la más exigente prueba de fidelidad, acercándose a la devoción.

De hecho, el gobierno español está haciendo lo humanamente posible por traerlo de vuelta a España, a fin de que pueda ocupar la presidencia de la Generalitat, un escaño en el Congreso de los Diputados o, quizá, en premio a los servicios prestados, un puesto de honor en el Consejo de Estado, junto a otros ex presidentes y próceres.

Mientras se le aplica la ley de amnistía para borrar sus delitos y faltas, y hasta el recuerdo de que un día declaró la independencia de Cataluña, el heredero de Pujol recibe en su exilio de Waterloo visitas de enviados políticos que le trasladan el amable saludo de Pedro Sánchez y de Alberto Núñez Feijóo, ambos muy preocupados por su situación, con mono de él, y plenamente dispuestos a atender sus demandas.

Sánchez acaba de aprobar un decretazo ampliando la autonomía de los ayuntamientos, a fin de que los alcaldes de don Carles puedan operar libremente, sin tanta burocracia. La condonación de la deuda a la Generalitat está en marcha, así como la concesión de una Hacienda propia, la universalización del catalán como lengua ecuménica, la entrega de las Rodalías, la no entrega de Sijena, la emigración y otras materias sin demasiada importancia…

Por su parte, el líder del PP no se ha quedado atrás rogando al empresariado catalán que interceda ante la corte de Waterloo a fin de apoyarle en sus maniobras parlamentarias. Feijóo ha pasado de llamar traidor a Puigdemont a presentarle sus respetos, y seguramente alguna sustanciosa oferta como futuro aliado suyo.

A pesar de tantos ruegos y disculpas, el Puigdi no acaba de mostrarse satisfecho ni perdonar. Sigue dolido con quienes cree que le engañan, que abusan de él, de su buena de y de sus votos, por lo que exige mayores prendas de arrepentimiento y más ceros al precio del escaño.

Lo que él diga, oiga.

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