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Opinión | tercera página

La pobreza normalizada

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La tenemos aquí, a nuestro lado. Y no es esa pobreza con la que hemos aceptado vivir como algo asumible y que, en tiempo de Navidad, nos sensibiliza un poco el corazón.

Estamos en un tiempo donde la pobreza ha regresado con fuerza. El IX Informe FOESSA, recién publicado, así lo muestra y demuestra en más de setecientas páginas. No es un informe más. El rigor con el que se trabaja lo avalan los ciento cuarenta investigadores de cincuenta y una universidades, y encuestas en más de doce mil hogares de nuestro país. Por si esto fuera poco, ver que este Informe ocupó tanto parte de las primeras páginas de la prensa escrita como de los noticiarios de radio y televisión, corrobora que nadie cuestiona sus datos.

La fragmentación social está ahí y la pobreza como no las podíamos imaginar hace unos años. Vamos de mal en peor desde 2007. Nadie elige vivir en una situación de pobreza. No se elige ni se crea esa forma de vida, sino que es una situación construida por el «sistema», es decir, por ese conjunto de reglas y principios sobre una materia racionalmente entrelazados entre sí. Está visto que el ’sistema’ no funciona.

Demasiados factores se suman para hacer imposible la igualdad de oportunidades. No es culpa de la migración, aunque los migrantes son los que más sufren las consecuencias. No debemos convertirlos en una especie de ‘enemigo simbólico’ en el que volcar culpas que no tienen, ni odios de quienes son incapaces de encontrar soluciones encerrados en sus propias ideologías. Cobrar un sueldo hoy no garantiza poder cubrir gastos básicos.

La pobreza incomoda, sin embargo, es necesario conocerla de la manera más cercana posible. La proximidad ayuda a sentir de cerca lo que supone vivir en esa situación. Para cambiar algo que no funciona, estamos llamados a conocer más que los meros datos, aunque sean rigurosos, que nos ofrece el Informe FOESSA. Entre el ver y el mover está el conmover, en su significado de perturbar, inquietar, alterar. Saber que la pobreza está instalada en el «sistema» tiene que conmovernos siempre.

Estamos a las puertas de Navidad y, seguro, tendremos la oportunidad de ver ¡Qué bello es vivir!, la película de Capra. Tranquilos, no creo que su argumento fuera posible llevarlo a la práctica ahora. Es pura nostalgia el citarla. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que juntos, como en la película, ¿sería posible contribuir a cambiar el «sistema»? ¿Esperar a una cita con las urnas? Tendrá que haber una solución más cercana en el tiempo y, sobre todo, más eficaz porque las siglas pueden cambiar, pero el ‘sistema’ permanece.

En nada, los días alargarán... Intentemos que la situación de pobreza normalizada tenga los días contados para gritar todos: ¡Qué bello es vivir!

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