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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Juicio a los nazis

La reconstrucción del gran juicio de la corte internacional contra los jerarcas nacionalsocialistas del III Reich acaba de ofrecernos una nueva y afortunada versión cinematográfica en la película de James Vanderbilt titulada Nuremberg, en alusión a la ciudad alemana donde se llevó a cabo el histórico proceso encargado de juzgar los crímenes contra la humanidad cometidos por los altos jerarcas alemanes capturados por las fuerzas aliadas durante la invasión y desarme de Alemania.

La cinta se plantea en términos estrictamente morales. El bien lo representa el derecho internacional, en forma del tribunal reunido en Nuremberg y formado por expertos juristas de los países aliados; el mal, instalado en el banquillo de los acusados, lo representa el mariscal Hermann Göring, interpretado por Rusell Crowe.

El guión añade un tercer elemento: la necesidad de elaborar un estudio, previo al juicio, acerca de la salud mental de los líderes nazis. Informes psiquiátricos que realizará un médico militar norteamericano (Rami Malek) con titulación y experiencia en psiquiatría. Será él quien tendrá la oportunidad de establecer contacto con una veintena de prisioneros nazis para someterlos a entrevistas y pruebas psiquiátricas y elaborar su dictamen clínico.

En particular, se verá las caras con Göring, quien, a su participación política y bélica como mano derecha de Hitler en el partido, jefe de las SS y mariscal del III Reich, añade una inteligencia diabólica capaz de confundir al psiquiatra, y tal vez de derrotar a los fiscales en la inminente convocatoria del juicio convocado en Nuremberg en medio de una enorme expectación. De concluir con una pena leve, incluso con la absolución de alguno de los acusados, dicho proceso supondría una auténtica bofetada contra el mensaje de una victoria que no podía quedar cuestionada; pudiendo, además, provocar el efecto secundario de un renacimiento del partido nazi de sus cenizas. La dificultad de condenar a Göring estribaba en demostrar que había sido él quien dio las órdenes de exterminar a seis millones de judíos en los campos de concentración. De no demostrarse dicha culpabilidad, su condena (a muerte, según petición del fiscal) estaría más lejos de materializarse.

Para reflexionar, por vía de una excelente película, sobre los peligros del mal adherido al poder.

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