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Opinión

‘Orlando’

Releo con intenso placer Orlando, de Virginia Woolf, en la traducción de Ana Mata Buil y la impresión de Ediciones Invisibles. Una historia –una obra maestra– que sigue cautivando hoy por su preciosismo, por su extrema originalidad y por ese «no sé qué» característico de aquellos libros que nos seducen, que nos maravillan, pero sin permitirnos desentrañar fácilmente sus recursos, sus trucos ni claves.

Orlando, la historia de un noble inglés que es sucesivamente hombre y mujer, que ocupa puestos de responsabilidad en las diferentes administraciones británicas, del siglo XVI al XX, de la reina Isabel a la reina Victoria y al rey Eduardo, que conoce a Shakespeare y a Pope, que tiene en sus manos los versos originales de Milton y los papeles de Tenysson, que se enamora, empareja y casa ya con una chica, ya con un varón, no tiene parangón en la literatura universal.

Esa manera de afrontar una falsa biografía que, sin embargo, retrata mejor que muchas otras las diferentes épocas por las que transita el/la inmortal Orlando, obedece a una inspiración puramente artística de Virginia Woolf; pero, sin la exquisita técnica de la autora, habría sido del todo punto imposible arribar al punto final de esta aventura colosal compuesta a tercias, sin contar con el genio de Virginia, por la historia, la psicología y el lenguaje.

Cabe la posibilidad de que este Orlando hombre-mujer que a todos-as seduce no fuera sino una proyección idealizada de la propia autora. Sabido es que la escritora mantuvo relaciones al menos con otra mujer, y que su ambigua o doble sexualidad aflora en otros libros y pasajes de su extensa y extraordinaria obra.

Pero Orlando no solo es un objeto de deseo, el más atractivo gentleman de su tiempo, la más fascinante de las mujeres de la Ilustración o de la era victoriana, sino un humano jarrón depositario de la belleza heredada por el renacimiento y renacida a base de nuevos movimientos y genialidades artísticas; un mascarón de proa de la modernidad y, al mismo tiempo, un cofre lleno de tesoros antiguos. Una novela extraordinaria, sin género, sin etiquetas, libre fantasía de una pluma inimitable.

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