Opinión
Anatomía de una omisión
En la televisiva serie 'Anatomía de un instante' hay una larga lista de omisiones y errores que serían premioso desarrollar. Pero, sobre todo, uno que clama al cielo: la deliberada omisión de las matanzas de la banda etarra como móvil fundamental del golpe de estado del 23 de febrero de 1981.
Según los guionistas de este subproducto televisivo, basado en el libro, por completo subjetivo, de Javier Cercas, el cuartelazo se debió a la legalización del Partido Comunista y a la normalización de la presencia de Santiago Carrillo en el Parlamento y en la vida política española. Nada más lejos de la realidad. El PCE había sido legalizado en 1977, esto es, cuatro años antes del pronunciamiento militar, y en todo eso tiempo los comunistas no habían dado el menor motivo de queja a los militares nostálgicos del franquismo; es más, incluso habían perdido dos elecciones generales (las del 77 y las 79). Carrillo estaba completamente desactivado, tenía imposible gobernar y no representaba la menor amenaza para nadie.
En cambio, ETA mataba día sí, día también, a capitanes, comandantes, coroneles y generales, a mandos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, a jueces, a políticos, a periodistas, a empresarios a los que, además, extorsionaba. El País Vasco estaba en llamas. El ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa -quien ni siquiera aparece en la serie- no había salido de un funeral y entraba en otro. En los cuarteles, cada uno de aquellos miserables tiros en la nuca contra muchos de los suyos -cientos de militares españoles cobardemente asesinados en las calles, delante de sus viviendas, de sus familias- era recibido con un rugido de rabia y con la promesa de tomar venganza. Pero el gobierno no sabía cómo parar aquel diluvio de metralla y bombas lapa que implacablemente se fue prolongando, ensangrentando cada semana de aquella violenta actualidad, durante 1977, 78, 79 y 80, hasta derivar en el, por suerte, fracasado golpe de 1981.
ETA no se cita en esta serie de TV. Ninguno de los asesinos que causaron «los años de plomo» merecen una sola mención. Los guionistas se refieren a los actos violentos de «la izquierda o la derecha radical», pero no a la banda criminal vasca. ¿Por qué? ¿Hay algo que ocultar? ¿No será una concesión -otra más- a los socios del norte?
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