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Opinión | Editorial

Aragón cambia de escenario

Si las elecciones no sirven para que Aragón tenga más estabilidad, la comunidad volverá a la casilla de salida y al bloqueo político

El cambio de año vendrá acompañado de un cambio de escenario en Aragón. Ese punto de inflexión tendrá lugar el próximo lunes cuando el presidente aragonés, Jorge Azcón, anuncie un Consejo de Gobierno extraordinario como paso previo a la disolución de las Cortes y convoque elecciones para el próximo 8 de febrero. El líder popular lo tenía decidido desde hace algunas semanas pero el fracaso de las negociaciones entre el PP y Vox para pactar los presupuestos de 2026 no ha hecho sino confirmar que serán las urnas las que decidirán la configuración del nuevo parlamento aragonés y la conformación del nuevo Ejecutivo autonómico.

Los últimos cinco días han estado salpicados de reuniones infructuosas entre el Gobierno del PP y los líderes de los partidos, si bien ni los representantes de CHA ni los de IU acudieron a unos encuentros que, tanto el PSOE de Pilar Alegría como Vox han coincidido en señalar que no han servido para el objetivo que se perseguía: buscar un acuerdo para aprobar los Presupuestos de 2026. El presidente Azcón ha repetido por activa y por pasiva que las elecciones serían siempre «la última opción», pero las formaciones le han reprochado de forma unánime que no ha gastado todas las balas porque ni siquiera les ha presentado las cuentas públicas con detalle para poder examinarlas y debatirlas.

La falta de sintonía entre el PP y Vox, y la incapacidad para pactar medidas tan importantes como la ley de Presupuestos con el resto de partidos ha sido el desencadenante de una convocatoria electoral que parece haberse convertido más en una urgencia estratégica que en una necesidad real, si bien la ausencia de mayorías en las Cortes de Aragón amputaba cualquier escenario fructífero hasta mayo de 2027.

La fecha, elegida desde hace algún tiempo por el líder del PP, se encuentra a caballo entre la celebración de dos comicios autonómicos, los de Extremadura, que tendrán lugar el 21 de diciembre, y los de Castilla y León, previstos para marzo de 2026. A estos tres hitos electorales, se añadirá la llamada a las urnas en Andalucía, lo que dibuja un horizonte que Génova ha diseñado para tratar de que el PSOE sufra varias derrotas consecutivas que logren minar la moral de los socialistas. El momento elegido tampoco es baladí, con un carrusel de casos de corrupción y los registros de la UCO que comienzan a asfixiar a los socialistas, así como denuncias de acoso en Ferraz, que dibujan un escenario más que favorable para el PP de cara a unos comicios.

Sin embargo, la convocatoria electoral supone poner el contador a cero para tratar de convencer a los electores. Quedan menos de dos meses para que se abran las urnas. En política, todo un mundo. Hasta entonces, el PP tendrá que afanarse en demostrar que la decisión era acertada. Lo contrario sería volver a la casilla de salida y regresar a un escenario de bloqueo político nada deseable para Aragón y que podría pasar factura a los populares.

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