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Opinión | Tercera página

Piratas del Caribe

El derecho internacional garantiza la libertad de navegación en alta mar y las sanciones de EEUU contra Venezuela no deben tener allí aplicación

¿Se ha propuesto Washington emular en aguas del Caribe a los piratas del Cuerno de África que se dedican a asaltar buques en las rutas comerciales para exigir un rescate económico?

Salvo que en este caso no se trata de pescadores mayoritariamente somalíes reconvertidos en grupos armados que vieron de pronto en la piratería una forma rápida de hacer mucho dinero.

Hemos visto ahora imágenes de soldados estadounidenses fuertemente armados que descendían desde helicópteros sobre la cubierta de un buque cargado de petróleo venezolano.

El buque Skipper llevaba al parecer 1,1 millones de barriles de petróleo destinados a Cuba, el otro país del Caribe objeto del criminal bloqueo del Tío Sam.

La fiscal general de EEUU por la gracia de Donald Trump, Pam Bondi, justificó la operación militar contra un buque mercante explicando que éste figuraba en la lista de sanciones de Washington porque en ocasiones anteriores había transportado petróleo al también sancionado Irán.

Venezuela necesita los ingresos de su petróleo para, entre otras cosas, importar alimentos y medicinas, como denunciaron las autoridades de Caracas, que calificaron lo ocurrido de «acto de piratería internacional».

Y no les falta razón: el derecho internacional garantiza la libertad de navegación en alta mar y las sanciones de EEUU contra Venezuela o Irán no deben tener allí aplicación.

Pero Estados Unidos ha demostrado una y otra vez que la legalidad internacional le importa tanto como a su gran aliado Israel.

Y no es algo que haya comenzado con el republicano Donald Trump, sino que el Gobierno de su predecesor, el demócrata Joe Biden, mandó secuestrar ya petroleros iraníes.

La Unión Europea también se plantea últimamente la posibilidad de hacer lo mismo con los buques de la llamada «flota fantasma rusa», pero parece vacilar por los riesgos de guerra directa con Rusia que implicaría una acción de ese tipo.

La noticia del secuestro del petrolero ha coincidido además con la entrega en Oslo del premio Nobel de la Paz a la opositora venezolana María Corina Machado, que defiende los intentos de Washington de provocar el derrocamiento del actual Gobierno de Nicolás Maduro.

Pero lo ocurrido con el petrolero en aguas del Caribe y el continuo acoso militar por aire y mar a Venezuela no impide que el gigante energético estadounidense Chevron siga haciendo negocio con la importación de petróleo venezolano. 

Pero quien se pregunta si EEUU se atreverá a hacer lo mismo que ha hecho ahora con algún buque que transporte ese crudo no a las apestadas Cuba o Irán, sino a China.

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