Opinión
Elecciones en Aragón: un esprint de 55 días
Aragón afronta las elecciones autonómicas del 8 de febrero con la necesidad de articular mayorías que eviten caer en el bloqueo político e impulsen el desarrollo de la comunidad

El portavoz de Vox, Alejandro Nolasco, y el presidente de Aragón, Jorge Azcón, durante la reunión de este viernes. / JAIME GALINDO
Los aragoneses volverán a votar el próximo 8 de febrero. La convocatoria de las elecciones autonómicas pone punto y final a una legislatura que nació con un pacto entre el PP y Vox, pero que ha escrito su último capítulo esta semana tras un desencuentro manifiesto entre ambas formaciones por cuestiones troncales, entre las que figuran la inmigración, la lucha contra el cambio climático y las políticas de igualdad. «Las propuestas que plantea Vox son totalmente ilegales», declaró esta semana el consejero de Hacienda del Gobierno de Aragón, Roberto Bermúdez de Castro. La afirmación subraya que no hay encaje posible entre las posturas que defienden los populares y las que postula la ultraderecha (al menos de momento), algo que se ha comprobado durante estos casi dos años y medio.
De esta forma, el modelo que guía al PP de Azcón en Aragón es diametralmente opuesto al de Vox, muy en línea con el que se aplica en la Comunidad Valenciana y que sorprendentemente abraza el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en un intento desesperado de desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa. Con estos mimbres parece complicado que los populares de la comunidad puedan rascar apoyos del electorado de la ultraderecha, más radicalizado y espoleado por el desencanto, por lo que es de esperar que el partido se juegue en el centro político, en el que se batirán el cobre los populares de Jorge Azcón y los socialistas de Pilar Alegría. De esa batalla dependerá el equilibrio de fuerzas y alcanzar mayorías.
Pero la gran incógnita de la cita electoral es qué sucederá si tras las elecciones del 8 de febrero no hay capacidad de articular mayorías suficientes para dotar a la comunidad de estabilidad. Además, en Aragón nunca se han dado gobiernos en solitario y el desarrollo del territorio se ha sustentado tradicionalmente en acuerdos entre los distintos partidos políticos. Volver a votar y anticipar elecciones para que nada cambie puede resultar frustrante y es todo un riesgo porque puede convertirse en un ‘efecto boomerang’ más allá del 8 de febrero.
La vivienda, las políticas de inmigración, la falta de trabajadores, la educación y la sanidad deberían ser los asuntos troncales de la campaña
Con estas premisas, Aragón se sumerge ya en un sprint de apenas dos meses que concluirá en la noche electoral del 8 de febrero y cuyo resultado reflejará si estamos ante un nuevo ciclo político que pueda dar estabilidad a la comunidad o, si por el contrario, se vuelve a la casilla de salida ante la imposibilidad de sellar pactos. De lo que no hay duda es de que el PP, el PSOE y Vox se juegan mucho en unos comicios que se decidirán por detalles pero que dependen de múltiples variables como el efecto arrastre del escenario político nacional, la capacidad para movilizar a unos votantes cansados del ruido político y el diseño de una campaña electoral atractiva en la que los líderes han de tener muy claro qué pueden ofrecer a los ciudadanos y qué proyecto tienen para la comunidad. Pero más allá de eso, lo que los aragoneses buscan son soluciones a su día a día y, sobre todo, esperanza y expectativas, algo que los partidos parecen haber perdido de vista.
La precampaña y la campaña electoral deberían poner más el acento en el fondo que en la forma, a pesar de que haya partidos como Vox, empeñados en hacer política de la anécdota o el mensaje altisonante. La movilización de los electores depende de factores muy diversos pero hay uno vector que arrastra como ninguno, que no es otro que la ilusión, aunque para que brote hace falta empatía y pedagogía. Existe también la tentación de destruir en lugar de construir y fiarlo todo a la inercia nacional, algo que sucederá de forma inevitable, aunque convendría no sacar el pie del tiesto y centrar el tiro en lo que importa a los aragoneses.
La vivienda, las políticas de inmigración, la falta de trabajadores, la educación y la sanidad deberían ser los asuntos troncales de la campaña electoral, pero está por ver cuánto se habla de estos temas en las próximas semanas, más si cabe en un momento en el que la comunidad se encuentra en punto de inflexión del que pretende salir reforzada. Quien presente un proyecto, ideas, capacidad de escucha, voluntad de diálogo y sentido común tiene mucho ganado.
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