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Opinión | El rincón de pensar

Zaragoza

Sanidad pública y la imaginación

Escándalos como el de Ribera Salud ponen voz a lo que muchos piensan de los conciertos de la Administración con las empresas privadas que solo buscan engordar sus beneficios

Protesta de los sanitarios aragoneses durante las jornadas de huelga de esta semana.

Protesta de los sanitarios aragoneses durante las jornadas de huelga de esta semana. / Josema Molina

Siempre me ha resultado difícil de entender como un asunto tan delicado como la salud y la sanidad puede entrar en el juego de la política y llegar a ver como algo normal que hay una sanidad de izquierdas y otra de derechas. Tampoco es comprensible que casos como el escándalo del hospital de Torrejón de Ardoz, con las aberrantes palabras del CEO de Ribera Salud pidiendo ser «imaginativos» para aumentar sus beneficios en detrimento de la atención que prestan al ciudadano, puedan quedar impunes incluso cuando se les caza.

Sus palabras constatan lo que muchos piensan que ocurre y que pocas veces se puede demostrar, el hecho de que estas empresas que hacen negocios con la salud de las personas basan toda su imaginación en cómo ahorrar costes para aumentar sus beneficios. Así, sin anestesia ni nada, se refiere a quienes, incluso sin tener la más mínima empatía con el que sufre, no deja de ser un cliente suyo. La propia Administración lo es, pero le da igual a personajes como este que representa a una compañía a la que, con total seguridad, no le faltará trabajo. Porque total, como la sanidad pública está tan mal y tan saturada...

En semanas como esta, además, se da la circunstancia de que mientras unos, como la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, se desprenden con descaro de los efectos de este escándalo, defendiendo a ultranza un modelo de gestión sanitaria apoyada, cada vez más, en las empresas privadas, los sanitarios hacían huelga para defender sus derechos y reivindicar la saturación que sufren en el día a día de una sanidad pública que nunca da la espalda al que entra por la puerta del hospital. Se ha podido constatar que cuando ellos paran, los cimientos de la sanidad pública tiemblan, y se dejará notar, entre otras cosas, en unas listas de espera que, paradojas de la vida, seguro que acabarán por derivar más intervenciones quirúrgicas a la privada.

Pero más allá de esta espiral perversa, de lo que se trata realmente es de abordar de una vez el debate de fondo que subyace a la hora de gestionar: ¿salud o negocio? La Administración no puede engordar a la bestia con conciertos costosísimos, porque el resultado de precarizar la atención sanitaria ya se está notando: se están abriendo más hospitales privados y hay más personas que apuestan por seguros privados y se salen de un sistema que creen que no funciona, pero que en realidad no da abasto, para echarse en manos de otro que solo carbura con una imaginación que siempre busca aumentar su cuenta de resultados. Y así no hay receta que cure esta enfermedad que lleva años siendo crónica.

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