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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

Charcas de nuestra democracia

Los batracios que Pedro Sánchez alimentó en su nueva charca del PSOE están dando el cante. Entre ellos abundan los anfibios machistas acosadores. Desecada la charca felipista del viejo PSOE, muy español y poco socialista, había que poblar la nueva y allí arribaron machirulos y trincones, de cuarta fila pero muy fieles, que luego han salido ranas. De esos aguazales, sobre los que apenas ha habido mecanismos de control, este corrupto croar que ha puesto al viejo partido de Iglesias al borde del abismo. Se puede hacer un ejercicio de fe sobre la ignorancia o despiste del actual presidente respecto a los sucios negocios y comportamiento señoro de sus dos íntimos colaboradores y comparsa, pero ante las denuncias de coerción machista se ha actuado tarde y mal. Y todo eso ha propiciado otra orquestada andanada de la prensa antirrégimen, los medios progresistas tibios y la derecha política para tumbar el debilitado gobierno de Sánchez, además de la impagable labor de zapa de la UCO y los togati.

La reacción de la entente derechista me recuerda al capitán Renaud en Casablanca, cuando los oficiales nazis le fuerzan a buscar una excusa para cerrar el café Rick e improvisa: «qué escándalo, qué escándalo, aquí se juega» mientras el croupier le da bajo mano sus ganancias. Paralelamente a estos escándalos socialistas El diario.es ha destapado estos días otro gravísimo que demuestra que el novio de Ayuso estaba contratado como Alberto Burnet González, «Director de Proyectos. Servicios Centrales» de una Quirón que se ha llevado más de 5.000 millones de la Comunidad de Madrid entre 2020-2024. De eso ni rastro en la prensa libre financiada por IDA, muy poco de los escándalos de acoso machista y pederastia acreditados en Vox y el PP y en la Iglesia, o de la parálisis judicial del proceso de Cospedal en la Kitchen, el caso Montoro, policía patriótica y tantos otros que están en la agenda (oculta para esos medios).

El problema, más allá de este hipócrita tiroteo acusatorio, radica en la estructura y modus operandi de los partidos políticos, que priman la endogamia y el compadreo comilitón por encima de la ética y los controles que debería haber para salvaguardarla. Ya conocemos el falsario juego de la derecha con los principios éticos, avalado por sus pragmáticos votantes, pero los de la izquierda son mucho más exigentes y sus partidos deberían tomar nota y control. Además, la prensa realmente libre, como ha demostrado, no va a callarse las miserias de los machirulos y ladrones que se esconden detrás de los partidos progresistas que defienden. ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?

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