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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

El Dédalo

Los tambores de guerra que resuenan en Europa, y cada vez más cerca de nosotros, han traído o atraído asimismo una cierta curiosidad o interés hacia la formación, constitución, armamento y potencial capacidad de aquellos ejércitos susceptibles de entrar en combate en una contienda que tal vez no esté tan lejos ni alejada de nosotros.

Las fuerzas armadas españolas no son ya, obviamente, aquellas precarias instituciones de los tiempos franquistas, sino una moderna representación de las defensas continentales que comparten misiones de paz, o que —en el caso de la guerra contra Ucrania—, han defendido a sus inocentes paisanos con aviones y barcos.

Precisamente de un buque legendario versa El portaaeronaves Dédalo (GP Ediciones), ilustrado en forma de cómic o novela gráfica, y firmado al alimón por Daniel Viñuales y Óscar Sanz. Se trata de una muy bien relatada y dibujada historia en viñetas acerca del pasado de este buque insignia de la armada española. Que, en su origen, no fue, paradójicamente, construido en astilleros españoles, sino en New Jersey (1942) y cedido en 1967 a nuestro gobierno por el de Estados Unidos, una vez ambos países hubieron acordado bases militares conjuntas, como la de Rota.

El Dédalo, que no se llamaba así, sino USS Cabot, fue originalmente un crucero, pero por necesidades de la Segunda Guerra Mundial se transformó en portaviones de escolta para las operaciones del Pacífico. En una de ellas fue atacado por un kamikaze japonés, que lo alcanzó con varios proyectiles, además de con el brutal impacto de su piloto suicida, provocándole serios daños. Una vez reparado, pasaría a integrarse en la Armada española. En una primera fase, su único uso fue el de transportar helicópteros, pues la insuficiente largura de su pista hacía muy arriesgados los aterrizajes de los cazas.

Realmente, el Dédalo no podía desempeñarse como un verdadero portaviones. Sin embargo, los oficiales a su mando consiguieron ingeniar una técnica que, sin necesidad de ampliar la cubierta, lograba acoger aviones supersónicos, entre los cuales los legendarios Matador y los Harriers de despegue vertical. Aquel ingenioso sistema causó sensación y sería imitado por otros barcos de combate, convirtiendo al Dédalo en una referencia, hasta que en 2002 sería excluido del servicio y desguazado.

Al serio trabajo de documentación de Viñuales/Sanz se agrega un clarificador artículo del teniente de navío Diego Quevedo.

Una historia tan original como real, y un cómic diferente.

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