Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | EDITORIAL

El PSOE falla a las mujeres

La absoluta inacción del PSOE ante las acusaciones de acoso sexual y abuso de poder contra Francisco Salazar, quien hasta la primera semana de julio, cuando fue destituido como asesor en Moncloa, era una de las personas más próximas al presidente Pedro Sánchez, ha abierto una grave brecha en la credibilidad de los socialistas e incluso ha producido un conato de rebelión de las mujeres del partido. No solo es este caso, en las últimas semanas han aparecido más acusaciones de acoso y abuso sexual en varias federaciones socialistas que han sido determinantes para la renuncia de Javier Izquierdo, senador y secretario de Estrategia y Acción Electoral en la Ejecutiva Federal del PSOE; la dimisión de Francisco Luis Fernández Rodríguez , alcalde de Belalcázar (Córdoba); o la suspensión de militancia de José Tomé, que renunció a la presidente de la Diputación de Lugo. Un constante goteo de acontecimientos que le pesan a un partido donde el feminismo es, desde hace décadas, una de las banderas más representativas y que, por supuesto, también enarbola orgulloso Pedro Sánchez. Y lo es gracias al empeño de tantas feministas que tuvieron que arrancar con fórceps a sus compañeros algunos de los avances en el reconocimiento de sus derechos y en la igualdad de género.

Los últimos comportamientos turbios que se están conociendo de algunos representantes públicos muestran, sin embargo, que algunos varones socialistas no han aceptado ese progreso en la equidad de género o que al menos no han sido capaces de asimilarlo en su vida cotidiana.

Uno de los casos conocido y que más daño le está haciendo a Pedro Sánchez debido a su proximidad, es el de Salazar, acusado por compañeras de trabajo, militantes a su vez del PSOE, de conductas tan inapropiadas en el trato con ellas como presuntamente delictivas de acuerdo con la ley. Poco antes se conocieron los bochornosos audios en los que el exministro y exsecretario de organización, José Luis Ábalos, ahora en prisión, se refiere de manera vejatoria a las mujeres y a su supuesta afición por el sexo de pago. Una práctica que el PSOE propone abolir.

Desde el despido de Salazar de la Moncloa han pasado cinco meses y ahora se ha sabido que en ese tiempo el partido no avanzó en ningún tipo de investigación sobre lo ocurrido. Una grave falta de respeto a las víctimas que los socialistas tratan de achacar más a la desidia que a la connivencia con el exasesor de Sánchez. Sea cual sea la causa de tal pasividad en la investigación y en la puesta del acusado ante la justicia, el daño reputacional para el PSOE ya está hecho. Especialmente porque es difícil no pensar que el pretendido descuido buscaba tapar con una capa de amnesia lo ocurrido. Una muestra de ello es que, una vez que se supo que la investigación interna no se había producido, el Gobierno destituyó, por encubrimiento, a Antonio Hernández, mano derecha de Salazar en el Gabinete de Presidencia. Es difícil creer que el hecho de que este cese se haga con cinco meses de retraso se deba únicamente al olvido o el desinterés.

El PSOE está pues en un atolladero y lo está en un asunto muy sensible. No solo porque los socialistas se consideran a sí mismos como adalides del feminismo, también porque buena parte de sus votantes son mujeres y los audios de Ábalos, las denuncias contra Salazar y los últimos casos conocidos estas pasadas semanas, han hecho mella en ese electorado, al menos en lo que muestran los sondeos.

Sánchez ha asumido ahora «en primera persona» la responsabilidad por la inacción contra su exasesor, pero tendrá que actuar con mucha contundencia, y seguramente llevar el caso a los tribunales, si quiere recuperar para él y para su partido la reputación perdida y el respaldo de la mayoría de las mujeres, que sienten que el PSOE, sea esa o no su opción electoral, les ha fallado.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents