Opinión | Sala de máquinas
Cine nórdico
La nueva película de Joaquim Trier, Valor sentimental, nos presenta a un veterano director de cine nórdico, ocupado en los preparativos de su nueva película.
Sin embargo, y aunque mantiene incólume su ilusión, debido a su edad el tipo de cine que viene rodando, un poco en la estela de la escuela de Ingmar Bergman, tiene menos salida comercial, por mucho que su prestigio se mantenga incólume.
Dado que la historia que pretende contar es esencialmente familiar, y se inspira en su relación con sus padres y con sus hijas, como actriz principal le gustaría contar con su primogénita Nora, actriz de teatro, con la que mantiene una difícil relación. Con su otra hija, la pequeña, que le ha dado un nieto, ya tuvo el director una experiencia de rodaje, pues representó un pequeño papel en otra de sus películas. Divorciado de su madre, psicóloga de profesión, la convivencia, más bien distante y en apariencia desprovista de afecto, del director con sus hijas será uno de los pilares de la trama. El otro lo configurará la relación que los tres mantienen con el mundo del arte, a través del cine y del teatro, fundamentalmente, y de qué modo se retroalimentan para crear personajes o interpretarlos en un set de rodaje o en un teatro lleno de público.
En ese clima de creatividad y tensión interna y claustrofóbica, con varios y viejos pleitos sin resolver, con tantos traumas, rencores y asignaturas pendientes como parecen aflorar en cuanto se abre una puerta de cada habitación, buhardilla o sótano de la antigua casa familiar, una joven actriz norteamericana aparecerá como un soplo de aire fresco. El director, seducido por su naturalidad y espontaneidad ante la cámara, le ofrecerá el papel que su hija mayor había rechazado. La actriz americana lo aceptará, pero en su preparación irá descubriendo que del mundo del director le separan conceptos y años, planteamientos y generaciones que acabarán siendo como abismos entre ellos, remitiendo a uno a su antigua soledad y a la otra a un anticipado fracaso.
Así, todo girará y regresará al principio, pero no en busca de un nuevo comienzo para la ansiada película, sino para la reconciliación personal a través del rodaje.
Cine de autor, brillante, duro, necesario.
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