Opinión | La comedia humana
De maromos y braguetas hediondas
La especie de catarsis feminista que está viviendo el PSOE acaso sea lo único bueno que puede dejar el reguero de maromos repugnantes que van saliendo al baile sudado de los calzoncillos amarillos. Esas conductas están extendidas por la sociología de la piel de toro hispánico, ya lo sabemos, que es un toro celebrado por su exceso de testosterona verbal; pero eso no justifica el fracaso de quien lleva la causa de las mujeres por bandera y luego tolera, esconde o «apaña» a algún jefecillo. La imagen del último de estos príncipes de la mugre abrazándose a jefes y jefas aún repugna más, y la insoportable pereza del «aparato» para echarlos exige no una explicación, que ya nos la podemos imaginar, sino una decisión radical y sin componendas: a la puta calle, o sea; o a la fiscalía. Esta vez, las mujeres, algunas mujeres, han dicho hasta aquí, y ojalá, sirva para dejar las consecuencias bien claras para el siguiente castizo que se le ocurra seguir dando asco.
El otro día sale otro de estos especímenes, acodado en la palestra de un parlamento; decía (sic) que el cabreo de las mujeres era de lo que más le ponía. Hay que imaginarlo imaginando cosas para lograr el cabreo de las mujeres; miedo, dan estos. Y si buscas encuentras más cada rato. Los cambios reales en el paisanaje, en las conductas particulares, no salen automáticamente de las leyes, porque ninguna ley puede contemplar la casuística y el matiz y las circunstancias más precisas de cada caso, para eso están los tribunales, con sus jueces; pero resulta que a veces, en los tribunales, hay especímenes que se supieron de memoria los artículos del código y a los que pusieron a juzgar o a instruir, y te salen casos como aquel de la manada, que vio en la violación múltiple un juego porno (y seguirá de juez, supongo), o el indigente intelectual que instruye la causa de la mujer del presidente.
En fin, estos últimos mastuerzos son sólo la espuma de los que hay, y salen a la luz en un panorama intolerable: decenas de mujeres asesinadas cada año por sus parejas. Sin contar palizas, humillaciones, desprecios y otras agresiones que miles de mujeres se ven obligadas a «conllevar» por necesidad o miedo. Un novio, un marido, en muchos casos, se siente propietario de su mujer, y si ésta no obedece puede terminar asesinada. No es una hipótesis, es un hecho repetido decenas de veces cada año; y no sólo en España, en Europa también, la masacre no cesa; y hay que imaginar Africa, o las Américas... en todas partes hay hombres, muchos hombres, que asesinan a mujeres, o las violan, las maltratan, las torturan y las humillan. Porque son suyas, las sienten como una una propiedad.
Como para aguantar sin arcadas de asco a un maromo de calzoncillo revenido jugando con la bragueta.
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