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Opinión | Editorial

Atacar no es la mejor defensa

A pesar de lo que sugiere la frase atribuida a Sun Tzu, el ataque no siempre es la mejor defensa. Para que resulte efectiva, esta estrategia requiere ir acompañada de, al menos, dos atributos. El primero es sostener la posición con el temple suficiente, y hay que reconocerle a Santos Cerdán que lo tuvo durante las más de dos horas que duró su comparecencia en la comisión de investigación del Senado. El exsecretario de organización del PSOE aguantó la mezcla de preguntas fundamentadas, acusaciones anticipadas e insinuaciones gratuitas que hicieron varios diputados y que acaban desnaturalizando estas comisiones. Lo hizo sin pestañear, salvo algún inevitable momento de tensión provocado por las referencias a su esposa. Sin embargo, el que fue persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez no calibró que para contraatacar hay tener balas suficientes en la recámara para andar el trecho que va de la condición de acusado a la de acusador. No basta con construir un relato, según el cual, el Estado profundo se la tiene jurada desde que fue interlocutor con Carles Puigdemont en las negociaciones que permitieron el apoyo a la investidura de Sánchez. Esta es una insinuación grave, procediendo de un antiguo cargo del PSOE, que no puede basarse solamente en una supuesta reunión de oficiales de la guardia civil con dirigentes de Vox en 2021. Tampoco es de recibo la acusación, sin pruebas, de manipulación de los audios con Koldo García que le involucran en la trama, más allá del supuesto desajuste temporal que hubo entre la grabación y el software destinado a obtenerla.

Si Cerdán quiere seguir por esta vía tendrá que responder a todas las pruebas recogidas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Como cualquier ciudadano, tiene derecho a la presunción de inocencia. Sin embargo, son muchas las acusaciones a las que deberá responder ante el Tribunal Supremo. Tendrá que argumentar con más fundamento del que lo hizo en el Senado que nunca formó parte de la empresa Servinabar, que servía para blanquear dinero obtenido de adjudicaciones otorgadas previo pago de comisiones. ¿Sostendrá también que nunca estuvo implicado en adjudicaciones de obra pública en Navarra? Las supuestas fabulaciones de la Guardia Civil no sirven para responder a las preguntas que se le hicieron sobre el último, y puede que más grave episodio de corrupción, que involucra, supuestamente, a varias empresas vinculadas a la Sociedad Estatal de Participación Industriales (SEPI) y a diversos militantes y cargos socialistas. También calló al respecto. 

Santos Cerdán ha sido un hombre fundamental en el PSOE durante los años en los que todo indica que cargos del partido y del Gobierno cometieron importantes delitos. No puede huir de esta responsabilidad política, ni podrá hacerlo de las responsabilidades penales que los jueces le atribuyan. En el Supremo, no le bastará con mantener el temple, como hizo en el Senado, con quejarse de la soledad en la que le ha dejado el PSOE, y con salir al contraataque. La ventaja es que los plazos del Tribunal Supremo suelen ser rápidos y que pronto sabremos si la pólvora de la que dice disponer está mojada. Si fuera así, como indican numerosos indicios, más le valdría un perfil bajo y asumir responsabilidades hasta donde sea necesario.

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